Artivismos: la creatividad al servicio de la defensa de los territorios

Como las hormigas, avanzan con organización hacia un mismo objetivo. Comparten una urgencia, por eso, accionan sin miedo a desdibujar la individualidad. Reconocen prioridades y construyen estrategias cooperativas para crear en conjunto. Proponen desde una necesidad genuina, tensionan los discursos hegemónicos, y saben muy bien, que para completar sus acciones es fundamental habitar lugares de incomodidad.

Artivistas, les hemos nombrado en este artículo, buscando armar y desarmar el concepto, a partir de la experiencia de quienes desarrollan prácticas que abren diálogos entre las artes y el activismo, poniendo sobre la mesa problemáticas que irrumpen en el presente, producto de la crisis socioambiental en la que estamos inmersos.

Conversamos con las integrantes de Caudal Gráfico, Thigra y Pésimo Servicio, tres colectivos que coinciden a la hora de evidenciar que, en sus procesos, no hace falta hablar de obras, sino más bien de acciones. Acciones -que a su vez- se enmarcan en encuentros significativos con la comunidad, luego de procesos profundos de reflexión, investigación e intercambio entre personas provenientes de distintos campos del saber, pues la colectividad y la formación de vínculos y alianzas son la base de su trabajo creativo.

la montaña, se ha convertido en el lugar más apropiado para levantar las acciones artivistas, como esta instalación del colectivo Pésimo servicio. © Pésimo Servicio.

Para participar en una acción artivista no basta con ser artista, también hay que ser activista. Quienes se encuentran en este quehacer, comparten la incertidumbre, el miedo o el malestar frente a la crisis socioambiental, transformándolos en el impulso que despierta la creatividad. Aparece también como un estímulo para la creación, el deseo de divulgar ideas desde nuevas perspectivas, de manera directa y masiva, de modo de instalar en la opinión pública alternativas a los discursos oficiales sostenidos, o incluso invisibilizados, por los medios de comunicación tradicionales.

Para el artivismo, tampoco es necesaria una sala de exhibición, porque el espacio público suele ser el lugar idóneo para instalar el mensaje. Y al mismo tiempo, se infiere como una decisión política, que responde de forma contundente a la crisis de la institucionalidad. “Salir a la calle es acceder a la mejor galería del mundo, pero también es nuestra respuesta a la actual crisis de los museos”, afirma Elisa Monsalve, del Colectivo Caudal Gráfico.

«Tu fuego es cómplice». Acción de Thigra presentada Monumento Nacional a la Bandera © Pablo Benvenuto.

Por eso, el sitio específico, se ha convertido en una modalidad muy utilizada para levantar estas acciones. La calle, el mar, la montaña, el río, el desierto, una cancha de fútbol o una manifestación, pueden ser los espacios adecuados para revelar estos recados agudos, que adquieren mayor potencia y se completan al vincularse con el entorno.

En la mayor parte de las experiencias artivistas, los recursos son limitados y generalmente autogestionados. Aún así, se trata de proyectos que se sostienen en el tiempo. En algunos casos, esta es una condición elegida, en otros, es la consecuencia del modelo precarizado de muchos trabajadores de las artes. No obstante, esta insuficiencia no imposibilita la existencia de los colectivos, ni limita la creación.

“Venimos de una escuela precaria y nos criamos con materiales precarios, por eso no nos sale difícil crear así. Y este tipo de gestión es algo que nos tiene orgullosos, e incluso, es clave en nuestra metodología”, comenta Rodolfo Muñoz, del colectivo Pésimo Servicio. La aseveración es reforzada por su compañero Gabriel Vilches, quien agrega: “Somos trabajadores precarizados y tratamos de buscar una forma orgullosamente precarizada para construir desde allí. El material y el formato que ocupamos es lo que está a la mano. Siempre estamos pensando en que sea barato y rápido para favorecer la circulación de la imagen. Y por supuesto, todo esto depende del contexto y la comunidad con la que estamos vinculándonos”. 

Caudal Gráfico: La cordillera como protagonista

Caudal Gráfico es un colectivo compuesto por siete mujeres y disidencias, dedicadas al grabado y la experimentación en torno a las artes gráficas y sus oficios. Con base en Santiago de Chile, el grupo se nutre de los saberes multidisciplinarios de sus integrantes, pues allí convergen profesoras, grabadoras, ilustradoras y bordadoras, cuyos roles van cambiando naturalmente, tanto en el plano creativo como en la gestión, de modo de no construir liderazgos inamovibles y evitar las prácticas jerárquicas.

Quienes se encuentran en este quehacer, comparten la incertidumbre, el miedo o el malestar frente a la crisis socioambiental, transformándolos en el impulso que despierta la creatividad.

El colectivo nació en 2019 y tomó cauce en medio de los procesos de movilización de la revuelta social en Chile, como un espacio para juntarse a pensar, a canalizar miedos y a compartir sentires, a propósito de lo que estaba ocurriendo. De allí surgió la necesidad de poner en común el espíritu presente en las obras individuales de las artistas, que ya abordaban políticamente temáticas feministas y medioambientales, pero que ahora se enlazarían en un proyecto común para responder al estallido de imágenes en las calles, desde la colaboración. La apuesta consideró el desmarcarse de las lógicas hegemónicas que evidenciaban en el mundo del arte: espacios de exhibición exclusivos, diseñados con sesgo de género y al servicio de artistas provenientes de las altas clases sociales; la crisis de los museos; la obediencia a un modelo productivo que reduce los tiempos de creación a la inmediatez de las redes sociales, provocando ansiedad y carcomiendo la atención y el cuidado necesario que exige el oficio.

Las integrantes de Caudal gráfico crearon un mural colectivo, a partir de módulos de linóleo tallados a mano para narrar la cordillera de los Andes como eje político, emotivo y ambiental. © Caudal gráfico.

“Queríamos hacernos parte de lo que estaba pasando (El Estallido Social o La Primavera de Chile) pero desde un lugar muy respetuoso. Nos hacen ruido temas como la apropiación cultural en la calle. Gente que cree que puede llegar y hablar por una causa sin ser parte de ella, o sin si quiera levantar una investigación respetuosa. Si bien siempre hay cosas que nos inspiran y nos conmueven de otras vidas -y eso también nos permea- no queremos ser un otre hablando de otre y esas son decisiones que calan en lo micropolítico, y desde allí hay que pensarlo”, explica Elisa Monsalve, integrante del colectivo.

“En nuestro proyecto converge un compromiso político con el amor por el oficio, por eso es fundamental pensar el contenido en conjunto y ejecutar las piezas con cariño, tiempo y respeto”, agrega Francisca Inda, parte de Caudal Gráfico.

En ese sentido, y tras largas conversaciones motivadas por las ganas de profundizar en una idea, aparece la montaña como una presencia recurrente para todas. La cordillera de los Andes, como una imagen presente, visible y con la cual se construye una relación con múltiples significados. ¿La propuesta? Construir un mural colectivo, a partir de módulos de linóleo tallados a mano para narrar la montaña y sumergirse en sus sentires, poniendo al servicio de la hazaña el oficio del grabado.

El colectivo buscó, con este mural instalado en Renca e Independencia, zona de alta población inmigrante, cuestionar la cordillera como frontera. © Caudal gráfico.

“La montaña es parte de nuestra forma de existencia. Vivir con una montaña al lado tiene muchas incidencias: climáticas, emocionales, narrativas. Este proyecto fue pensado para ejecutarse en Renca e Independencia, comunas con alta presencia inmigrante. Entonces fuimos comprendiendo que la cordillera no es frontera, sino que es un enlace. Lo de frontera natural es ficticio, alguien lo inventó, es un mito que nos separa. Es una forma de hablar de un nacionalismo disfrazado”. explica Elisa Monsalve.

Y Francisca agrega: “Todo eso nos inspiró a levantar el mural con la cordillera como una suerte de relato de vidas, recordando también, lo que pasó en dictadura, cuando gente desapareció allí. Quisimos volver a verla, levantarla como un lugar de encuentro, no de división. Y de encuentro también con otras especies que habitan ese espacio y que nosotros se lo hemos ido quitando. Me refiero a la fauna y a la vegetación, porque históricamente, para otras culturas que han habitado estos espacios, la montaña ha estado muy presente en los rituales como otro tipo de encuentros, más espirituales”.

Para Caudal gráfico, el artivismo es una oportunidad de poner “bombas visuales” en las calles y “hacer frente a la escalada en aumento de los grupos que niegan el cambio climático y ponen en cuestión todo aquello que es evidente. Somos una cultura que cada vez ve más imágenes, por eso nos alfabetizamos visualmente, porque aquí tenemos una herramienta fundamental a la hora de defender lo que nos va quedando de naturaleza”, concluye Monsalve.

El colectivo está integrado por Paulina Carreño, Catalina Cortés, Sabina Ahumada, Tania Albornoz, Francisca Inda, Carolina Salinas y Elisa Monsalve. Más info en @caudal_grafico

Registro de acción ¿Cuáles vidas importan?, desarrollada en el río Paraná.  © Virginia Molinari.

Thigra: Performance, activismo y comunidad

Ante la necesidad de generar espacios de formación y producción, vinculados al cuerpo y a las artes visuales, emerge el colectivo Thigra, impulsado en Argentina, a cargo de tres amigas, artistas, kayakistas y activistas medioambientales, en constante movimiento entre la ciudad portuaria de Rosario, el caudaloso río Paraná, los riachos del delta del Tigre y las islas que constituyen la particular geografía de este territorio.

“Como kayakistas hacíamos uso de estos espacios. Los habitamos. Por eso, desde un inicio decidimos que ese contexto formara parte de nuestras producciones. Al inicio nos dedicamos a la formación, como transmisión de conocimiento, que ya era una posición política, pero el año de la pandemia surgió la necesidad de militar desde el arte y pensarnos como productoras y creadoras”, cuenta Ximena Pereyra, integrante del grupo.

Fue entonces en 2020, cuando la labor de Thigra se robusteció dando paso a una etapa de mayor actividad, abrazando la lucha medioambientalista con herramientas del artivismo.

“Ese año comenzó a hacerse mucho más visible la sistemática quema de los humedales. Todo el humo iba para la ciudad. Además, comenzó una bajante del río y sucedió que, entre ciudadanos de Rosario, empezamos a organizarnos. A mediados de año, surgió un primer corte de ruta autoconvocado, desde donde se origina la Multisectorial por los Humedales, en la que empezamos a militar muy intensamente. En ese contexto, escribimos un primer proyecto para enviar a una cumbre de performance con la Multisectorial, a propósito de lo que estaba ocurriendo”. Bajo el nombre, “Tu fuego es cómplice”, nace la primera performance y el hito fundacional para el colectivo, que las llevó a trazar un camino artístico de gran potencia política: “Las tres somos activistas con conciencia socioambiental, también somos artistas y estamos militando. Entonces hagamos cosas con el arte, así nació esta necesidad de ser artivistas”, explica Ximena.

Carla Sobrino, cofundadora de LAGDA y Mariana Ugarte, de la Fundación Desierto de Atacama cosiendo los agarres del lienzo para la acción “Devuelvan la Mar” © Pésimo servicio.

“Tu fuego es cómplice” se llevó a cabo en el espacio público y consistió en la formación de un pasamanos de doscientas personas trasladando baldes llenos de agua del río Paraná. Los baldes se arrojaron a la proa del Monumento Nacional a la Bandera como alegoría de un aplacamiento a “los incendios de la desidia”. Durante esta acción un grupo de escaladores subieron al monumento hasta llegar a la estatua de La Patria Abanderada que encabeza el símbolo de la nación, y desde allí, a 15 metros del suelo, colgaron una bandera blanca que llevaba escrito: “Tu fuego es cómplice”. Para este proyecto Thigra realizó una convocatoria abierta a la ciudadanía para ser parte de la acción.

Luego de abordar la quema de los humedales, Thigra fue ampliando su campo discursivo hacia otras problemáticas y otras áreas de investigación, como la hidrovía (ruta fluvial para la salida hacia el océano a embarcaciones de carga); la vida de la población en las ciudades; la contaminación y su relación con la muerte, entre otros temas.

“Todo lo que hacemos está atravesado por el intercambio con otres. La producción de obras, las residencias artísticas, siempre implican la participación de otras personas y se amplía el colectivo”, cuenta Marina Montivero, integrante de Thigra, para referirse a este método inusual de abordaje de las luchas, que además implica el constante levantamiento de nuevas interrogantes, para compartir y estimular reflexiones entre los habitantes de su comunidad.

Venimos de una escuela precaria y nos criamos con materiales precarios, por eso no nos sale difícil crear así. Y este tipo de gestión es algo que nos tiene orgullosos, e incluso, es clave en nuestra metodología.

“Esta manera de manifestación política que toma el arte como lenguaje, posibilita que esos cuerpos que accionan en una manifestación, también puedan accionar de otras maneras, por ejemplo, en una intervención o en una performance, haciendo, proponiendo o participando de otras propuestas. Eso me parece súper enriquecedor, invitar a accionar contundentemente con el cuerpo, desde esta otra clave”, manifiesta Marina Montivero.

Otras acciones de Thigra son la performance vía streaming, “No dejaremos superficie sin enunciación”; “La bajante”, que reflexiona sobre los sistemas de valoración impuestos por las estructuras de producción extractivistas y cómo éstas transforman la naturaleza en recursos a explotar. Y su última propuesta es: “¿Cuáles vidas importan?”, a propósito de lo que han evidenciado que se mueve en el cauce del arroyo Ludueña: basura, químicos, muertos, hierros, escombros, animales y restos de ciudad. Frente a este escenario, Thigra se pregunta ¿de quiénes son las vidas deshechas de una ciudad, de una sociedad, de un sistema extractivista?

Thigra lo conforman: Silvina (Chivi) Amoy, Ximena Pereyra y Marina Montivero. Más info: @ thigrra

“Devuelvan la mar” es una intervención que instala el debate sobre el extractivismo en el borde costero, exhibiendo en un lienzo gigante en el Muelle Prat de Valparaíso. © Pésimo servicio.

Pésimo Servicio: Acción territorial y vinculación

El 18 de octubre de 2019 se reunía un grupo de siete amigos de Valparaíso para dar forma a un proyecto que hace tiempo esperaba ver la luz: una cooperativa o casa de oficios en la ciudad puerto, que les permitiera experimentar en los más diversos formatos de las artes. Idea que habían imaginado años atrás, entre tomas y asambleas como estudiantes de la Escuela de Artes de la Universidad Católica de Valparaíso. Sin embargo, fue ese mismo 18 de octubre, el día que estalló la revuelta social en Chile, cambiando abruptamente los planes del grupo y de todo un país.

“El día que nos sentábamos en torno a una mesa para conversar sobre esta cooperativa, comenzaba a quemarse Chile, y con ello, comenzó también una vulneración sistemática a los derechos humanos en el país. Quedamos pasmados”, dice, Gabriel Vilches, miembro del grupo, recordando cómo fueron los orígenes del colectivo Pésimo Servicio. Al día siguiente, ya comenzó a tomar cuerpo un grupo de trabajo, con encuentros diarios, que también se transformaron en espacios de contención para hacer frente a lo que ocurría en las calles. Chile estaba cambiando y la necesidad de alzar la voz se hacía evidente.

“Al principio nos preocupamos de sacar a la calle la información que no estaba saliendo en los medios. Recuerdo haber partido investigando sobre las muertes que se habían ocasionado en el Estallido y fue muy complejo. Nos enfocamos en sacar textos rápido sobre cuidados frente a Carabineros y de poner a disposición de la gente, contactos de abogados en caso que se los llevaran. Pero también empezamos a recopilar todos los temas con los que Chile estaba en deuda y allí fue cuando la lista se volvió infinita”, cuenta Rodolfo Muñoz, integrante de Pésimo Servicio.

“Entendimos que estas vulneraciones a los derechos humanos no se trataban solo de los abusos de Carabineros y Fuerzas Armadas contra la ciudadanía, sino que también existía una larga lista de casos de abusos medioambientales a lo largo de todo Chile, a gran escala, con la minería, como también una lista enorme de casos a escala local”, agrega Vilches.

De esta reflexión resultó “Zona de Sacrificio”, uno de los primeros afiches del colectivo de acción territorial Pésimo Servicio, que también incluyó una publicación que desglosa por región una extensa lista de conflictos medioambientales actuales, que quedó a disposición de la ciudadanía, a través de un link descargable difundido por redes sociales. “Investigamos sobre las zonas donde se estaba sacrificando el planeta y sobre los proyectos ambientales que amenazan el bienestar en el territorio chileno. Toda esa información se amplió a un trabajo gráfico que quedó también en las calles, al servicio de la manifestación”, explica Muñoz.

Registro de «Devuelvan la mar», una acción que también busca levantar preguntas sobre nuestra identidad con el mar. © Pésimo servicio.

El colectivo Pésimo Servicio atraviesa el arte y la política, utilizando las artes gráficas como medio de expresión y explorando con acciones territoriales que se ramifican de distintas formas: videos, fotografías, serigrafías, proyecciones y otras modalidades, dependiendo de la naturaleza de cada caso. “En nuestro colectivo tenemos interés por vincularnos con activistas, y si eso nos pone en el saco del artivismo, está bien”, dice Vilches.

“Somos conscientes que no podemos manejar todos los temas, por eso nos acercamos a quienes son la primera línea en esas batallas activistas, o, a quienes saben del tema porque trabajan en eso. Todo esto como parte de una lógica colaborativa. También, es importante mencionar que no nos acercamos a las personas desde el arte, aunque manejamos los conceptos del circuito artístico contemporáneo, no nos acercamos con ese lenguaje. Nosotros no hacemos extractivismo cultural. La gente que colabora con nosotros siempre ha sido integrada plenamente al proceso de creación de un proyecto colectivo”, dice Rodolfo Muñoz.

Según explica Gabriel Vilches, un tema recurrente para el colectivo ha sido el mar, que de alguna forma también apela a levantar preguntas acerca de la identidad. “Abordar el tema del mar ha implicado un proceso de investigación y vinculación con comunidades de pescadores artesanales. Para el trabajo que hacemos es muy necesario relacionarse con humildad y afectuosamente con los involucrados en el problema, para lograr conocer aquello que está silenciado. Y en el caso de la intervención “Devuelvan la mar”, el proceso ha sido muy fuerte para nosotros. Y lo hemos ido trabajando colaborativamente, porque entendemos que estamos juntos en esto”.

“Devuelvan la mar” es una intervención que instala el debate sobre el extractivismo en el borde costero, exhibiendo en un lienzo gigante en el Muelle Prat de Valparaíso dicha frase. La acción se desarrolló en colaboración con otros colectivos y personas, en torno a la relación con el mar, entre ellas, el Laboratorio de Artes Gráficas del Desierto de Atacama, LAGDA; Diálogos Objetuales, Fundación Desierto de Atacama y el Centro Cultural Galpón Container, ente otros.

“Devuelvan la mar”

«Mar adentro hay un vecino indeseable, Uno que no respeta el valor y los cuidados que requiere la mar.
Mucho antes de Valparaíso, las comunidades humanas se han refugiado y subsistido en aguas que hoy nos resultan ajenas.
Las empresas, de la mano del Estado, nos han arrebatado este espacio, repartiéndolo entre un puñado de familias que sin habitar, ocupan y extraen la vida marina, destruyendo tradiciones, truncando familias y arrasando con las especies del fondo oceánico.
Toda la superficie de este país es apenas una cuarta parte de la mar, y aún así, la aniquilan.
Vivir de la mar es un lujo que no se puede dar la pesca ARTESANAL, perseguida y segregada a fuerza de ley.»

Otras acciones de Pésimo Servicio son: “Desierto Herido”, “Chile Mata” y “Destruir en nuestro corazón la lógica del sistema”. El colectivo lo integran Gabriel Vilches Contreras, Paula López- Droguett, Rodolfo Muñoz Araya, Iñaki de Rementería Tobón, Danila Ilabaca Argandoña, Pablo Suazo Arancibia, Camila Fuenzalida Araneda.

Más info: www.instagram.com/pesimoservicio_

Imagen de portada: Detalle del mural Cordillera, acción del colectivo Caudal Gráfico. © Caudal gráfico

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