Acuerdo de Venecia: protección de las turberas del planeta desde lo local

Las turberas son ecosistemas muy antiguos y misteriosos, humedales que a simple vista parecen grandes explanadas de tierra y hierba, pero al tacto, se sienten como una suave y blanda cama de pompón sobre una superficie acuática. Entre agua y musgo este ecosistema se encuentra más muerto que vivo, pues es imprescindible para su formación que haya gran cantidad de materia orgánica acumulada en descomposición. Aun así las turberas acogen a una diversidad de seres capaces de vivir entre las ácidas aguas de poquísimos nutrientes que se acumulan bajo el Sphagnum –el musgo de turbera–.
Suelo de una turbera en Chiloé, Región de los Lagos. © Constanza López Cabello.

El Sphagnum, más conocido como pompón, es un gran almacenador de agua. De ahí, que estos ecosistemas sean tan importantes, pues pueden suministrar agua dulce en períodos de sequía. Lamentablemente, por la misma razón se ha registrado una gran demanda y un interés creciente por la explotación del musgo de turbera, pues es ideal como sustrato y retenedor de humedad para diversos cultivos agrícolas, también como base para formar jardines artificiales. Su explotación no sólo pone en riesgo las fuentes de agua dulce. Según da cuenta la Memoria del Seminario Binacional de Turberas de Patagonia (2021) las turberas patagónicas chilenas contienen aproximadamente 4.800 millones de toneladas de carbono acumuladas, lo que representa 4,7 veces más carbono que la biomasa aérea de los bosques de todo el país. De esta forma, a medida que las turberas son destruidas, todo ese carbono acumulado es liberado a la atmósfera acrecentando los efectos de la crisis climática. Todo eso vuelve urgente su protección.

El proyecto transdisciplinar Turba Tol que está representando a Chile en la 59ª Bienal de Arte de Venecia desde el pasado 23 de abril hasta el 27 de noviembre del 2022, nace del encuentro con y en las turberas de Tierra del Fuego. © Turba Tol.

Acuerdo de Venecia

El pasado 2 de junio, durante el Día internacional de las turberas, se firmó el Acuerdo de Venecia. Este hito representa un compromiso de los custodios de las turberas de todo el mundo para cambiar la trayectoria de la gestión ecológica y cultural de este tipo de humedales hacia una conservación eficaz. La instancia convocó no solo a especialistas de diversas disciplinas como del área de la conservación, ecología, política de cambio climático, educación, arte, música, sino también a representantes de pueblos originarios como la comunidad Selk’nam de Tierra del Fuego (Fundación Hach Saye). Entre todos compartieron diversos enfoques sobre el cuidado de estos ecosistemas.

El encuentro se realizó en Ocean Space, el espacio de exhibición y programas públicos del centro para la investigación y ecosistema cultural de la fundación TBA21. © WSC Chile.

La asamblea se desarrolló durante los días 1 y 2 de junio en Ocean Space de TBA21 y nació del trabajo transdisciplinario entre Ensayos –programa de investigación científica y prácticas artísticas fundado por la curadora Camila Marambio y la bióloga Bárbara Saavedra– y la Wildlife Conservation Society Chile (WCS Chile), sumado al apoyo del Greifswald Mire Centre en colaboración con TBA21 Academy, organizaciones globales de investigación científica y artística, respectivamente. Y fue posible gracias al apoyo de Stiftung Zukunfts Jetzt, Hartwig Behrendt Stiftung Zukunft y la Iniciativa mundial sobre las turberas dirigida por ONU Medio Ambiente.

La particularidad de esta asamblea fue enfocarse en las iniciativas y proyectos locales, pues son los colaboradores clave en el proceso internacional de conservación de las turberas. En palabras de Camila Marambio –quien además es parte del proyecto de arte interdisciplinar Turba Tol, que representa a Chile en la 59ª Bienal de Arte de Venecia– el objetivo fue: “crear un llamado global unificado para el cuidado de las turberas desde una perspectiva local”. Así, se dió lugar a dos días completos de diálogo, visión y escritura colaborativa, juego coreográfico y trabajo editorial transdisciplinar que finalizó con dicho Acuerdo. 

El Acuerdo de Venecia dió lugar a dos días completos de diálogo, visión y escritura colaborativa, juego coreográfico y trabajo editorial transdisciplinar. © WCS Chile.

Este logro es igualmente gracias a quienes compartieron generosamente sus conocimientos en persona, dando fuerza encarnada al proceso de acuerdo, y de los participantes de once talleres que presentaron sus aportes días antes de reunirse en Venecia. Así, se recogió la diversidad de enfoques locales para la valoración y protección de las turberas en todo el planeta: en el Parque Karukinka y Ushuaia (Tierra del Fuego), la Isla del Alce (Canadá), los Everglades (Florida), Alston Moor (Reino Unido), Aysén, Puerto Varas y Chiloé (Chile), Brandenburgo y Greifswald (Alemania), y Minjerribah (Australia). A futuro se espera seguir añadiendo localidades y firmantes en los próximos años. En palabras de Dianna Kopansky, coordinadora en ONU Medio Ambiente: “Reforzar las relaciones entre los conocimientos locales y los responsables de la toma de decisiones a nivel mundial es vital para el futuro”.

“El Acuerdo de Venecia nos invita a disolver las barreras culturales, financieras y sociales, y a asumir el hecho ecológico evidente de que todos dependemos de la naturaleza” (Bárbara Saavedra).

Este hito histórico viene a dar cuenta de que el bienestar de las personas y el de las turberas están profundamente conectados. Hoy es urgente tomar acciones reflexivas y responsables para proteger y restaurar las relaciones entre los seres humanos y estos ecosistemas; así también, lograr una protección inmediata y efectiva de las turberas sanas, y un nuevo marco para el reconocimiento del valor cultural, espiritual y ancestral de las turberas. Como subraya la Dra. Bárbara Saavedra: “El Acuerdo de Venecia nos invita a disolver las barreras culturales, financieras y sociales, y a asumir el hecho ecológico evidente de que todos dependemos de la naturaleza”.

Hoy es urgente tomar acciones reflexivas y responsables para proteger y restaurar las relaciones entre los seres humanos y estos ecosistemas. © Constanza López Cabello.

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