Literatura de un río en crisis

Por Agustina Atrio

Hay una metáfora que se utiliza para hablar de la literatura, su historia y las páginas que han sido escritas, y es la del “río de la literatura”; un río caudaloso y variado con muchos afluentes que lo alimentan. También podemos hablar del río en la literatura, al ser este una figura que ha inspirado ríos de tinta. 

Los ríos son contados de variadas formas, con el ojo centrado en ellos, en la vida que albergan o en la relación que tienen las personas en su entorno. ¿Cómo se cuentan los ríos en un contexto de crisis medioambiental? ¿Cuáles son los relatos que tenemos de un río que actualmente atraviesa una crisis ecológica debido a la explotación humana como es el río Paraná? 

La ciudad se levanta en el horizonte, desde el río Paraná © Agustina Atrio.

La literatura da imagen a los estragos ambientales una y otra vez, enfrentándonos tanto con el pasado que nos condujo al presente como con los futuros escenarios posibles. De este modo, la literatura puede hacernos más conscientes, llevarnos a actuar o a imaginar nuevas formas de estar en el mundo. Tal es el caso de la Fábula para el día de mañana escrita por la autora, científica y ecologista Rachel Carson, como introducción a su reconocido libro Primavera silenciosa, publicado por primera vez en 1962. En ella crea la imagen de un mundo en silencio, sin pájaros y casi sin vida, que permite acercarnos a una realidad no muy lejana. A este mundo en silencio llegaremos si continuamos en el camino de la depredación de la naturaleza. En el Paraná el libro No es un río, de la escritora argentina Selva Almada nos lo ilustra en una pequeña escala, mostrándonos a tres amigos que van a pescar a la isla durante un fin de semana y matan por diversión o entretenimiento a una raya con el único propósito de exhibirla y luego arrojarla a que se descomponga allí, en el mismo lugar en el que estuvo viva. Matan, cuelgan de un árbol y devuelven al río como desecho un animal del Paraná:

No era una raya. Era esa raya. Una bicha hermosa toda desplegada en el barro del fondo, habrá brillado blanca como una novia en la profundidad sin luz. Echada en el limo o planeando con sus tules, magnolia del agua, buscando comida, persiguiendo la transparencia de las larvas, las esqueléticas raíces. Los anzuelos enganchados en sus bordes, el tironeo de toda la tarde hasta darse por vencida. Los tiros. Arrancada al río para devolvérsela después.

Recorrido por el Paraná de Roberto Arlt a bordo del Rodolfo Aebi, El país del río. Aguafuertes y crónicas de Roberto Arlt y Rodolfo Walsh, editado por Universidad Nacional del Litoral y Universidad Nacional de Entre Ríos © Virginia Kargachin.

Hace poco más de un año, un grupo de escritoras argentinas entre las que se contó Selva Almada manifestaron una iniciativa cuyo fin fue visibilizar la destrucción ambiental de diferentes ecosistemas del país, así como reclamar por su protección. Esta iniciativa culminó en un documento llamado No hay cultura sin mundo, firmado por una gran cantidad de artistas y enviado a las autoridades nacionales. Desde el 2020, cuando comenzó la crisis de incendios provocados en el Delta del Paraná, muchas iniciativas unieron al mundo de la cultura con el medioambiental. 

¿Cómo se cuentan los ríos en un contexto de crisis medioambiental? ¿Cuáles son los relatos que tenemos de un río que actualmente atraviesan una crisis ecológica debido a la explotación humana, como es el río Paraná?

Históricamente, los incendios intencionales se han practicado para renovar los pastos para el ganado, pero dada la expansión ganadera en la región en las últimas décadas, su número ha aumentado. Durante el 2020, debido a las condiciones ambientales de sequía, sumado a la bajante histórica del río y la escasez de lluvias en la región, provocó que los incendios se agravaran. Según datos oficiales disponibles hasta julio de 2021 recogidos por el informe de incendios Delta del Paraná. Las quemas no tienen fin realizado por organizaciones como el Taller ecologista, la superficie quemada del Delta durante todo el año 2020 se estimó en 486.934 hectáreas, un equivalente a 16 veces la ciudad de Buenos Aires, alcanzando áreas protegidas y bosque nativo. Los cálculos permiten identificar que hasta la fecha del informe, el 2021 es el segundo año con mayor cantidad de focos de calor, desde 2012. 

«El país del río». Aguafuertes y crónicas de Roberto Arlt y Rodolfo Walsh, editado por Universidad Nacional del Litoral y Universidad Nacional de Entre Ríos. © Virginia Kargachin

La quema de las islas es la muerte de sus ricos ecosistemas, como no deja de denunciarlo la escritora argentina Gabriela Cabezón Cámara, quien escribió un relato llamado #LeyDeHumedalesYa en el que narra la muerte de los animales y plantas quemadas en los incendios. Ese humo que respiran los habitantes de las ciudades vecinas lleva la muerte de los seres vivos que vieron quemarse su hogar sin poder escapar: 

(…)¿te acordás qué animalito más dulce? Lo quemaron, miralo, queda el ojito no más y todo lo otro que era, todo ese cuerpo que metía en el agua y tomaba sol en la cabeza y el lomo y cuidaba a las crías y con las manitos agarraba las hojas tiernas, todo eso, y las hojas tiernas y las duras y los árboles también, es cenizas ahora.

Las quemas en las islas aparecen en la literatura de la región desde hace años, como lo ha señalado la artista visual y editora Lila Siegrist en el artículo Loor al humedal litoral de la revista Anfibia, a través de una búsqueda de testimonios de las quemas. El escritor Roberto Arlt también fue testigo de estos incendios en su viaje a lo largo del Paraná en el buque Rodolfo Aebi, en el año 1933. En sus crónicas, recopiladas en el libro El país del río. Aguafuertes y crónicas, anuncia: “A la distancia, por la puerta de estribor se distingue en el horizonte el relampagueo de los pajonales incendiados”. Durante el trayecto, también observa los movimientos del río, elemento que nunca es estático con sus momentos de crecida y de bajante. En el caso de Arlt, lo que contempla es la crecida, como años después lo hará Rodolfo Walsh, otro escritor y periodista compilado en este mismo libro. En sus crónicas de viaje a través del litoral, Walsh es testigo de la crecida histórica del año ‘66 que inunda las viviendas de muchos pobladores, llenando las calles de las ciudades vecinas de evacuados. La crecida del río como catástrofe también se menciona en la novela El río de Débora Mundani, cuyo protagonista realiza un viaje mientras las aguas suben y tapan las costas y sus construcciones. Hoy el Paraná vive su movimiento contrario, también en un momento extremo: su bajante más importante desde hace cincuenta años. 

Estos libros son solo algunos de aquellos que forman la vasta literatura del Paraná. Quienes lo invocamos como lectores o escritores, quienes llevamos su imagen a la palabra, debemos ser conscientes de que el río y su ecosistema están en grave crisis. Las quemas y la deforestación tienen consecuencias para toda la zona y, como proclaman las escritoras, “no hay cultura sin mundo”. Mediante la palabra podemos continuar denunciando, dando imagen al mundo en crisis en el que vivimos, esperando que en el futuro éste se parezca menos a las distopías que podemos escribir que a las utopías que podemos soñar, como aquella del final del libro Las aventuras de la China Iron de Gabriela Cabezón Cámara, en la que humanos y animales viajan en compañía por un río que es puro esplendor. Un río al que debemos cuidar. 

Hay que vernos, (…) un pueblo entero avanzando en silencio sobre los ríos limpios, sobre los ríos que respiran la paz de las subidas y bajadas, de sus peces bigotudos, del tuju pegajoso de sus lechos, nuestros ríos que saben mostrar y ocultar las raíces de los yvyra en los bordes de sus islas, nuestros ríos llenos de flores que flotan en su lomo como escarban los bagres el limo del fondo, nuestros ríos de pira saltadores, de dorados que emergen con la fuerza enorme de sus cuerpos como si les explotaran de sol a los ríos las entrañas.

Postales del río Paraná © Andrés Atrio.

Sobre la Autora

Agustina Atrio es licenciada en Relaciones Internacionales, organizadora cultural y escritora. Desde inicios del 2018 lleva a cabo el proyecto Despaseando, una propuesta de reflexión a través de la investigación y la práctica, en relación a las ciudades y los espacios, el caminar y la literatura. En 2021 publicó su primer libro, Tres formas de atravesar un río, editado por Ediciones Menguantes. 

Imagen de portada: Lecturas sobre el río Paraná a orillas del río Sihl, Suiza © Virginia Kargachin.

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