El arte decolonial de Álvaro Aroca: creación e investigación desde la frontera

Álvaro Aroca Córdova es artista e investigador transdisciplinar. Oriundo de Temuco, hoy vive en Madrid, España. Es Doctor Internacional en Investigación y Creación en Arte por la Universidad del País Vasco e Ingeniero Civil por la Universidad del Bío-Bio (Chile). Como sujeto del borde global, es decir, como latinoamericano y temuquense, Aroca trabaja en torno a las estéticas decoloniales. Lo anterior quiere decir que desobedece las reglas del quehacer artístico en búsqueda de revelar un universo de sentido paralelo al existente u otro. Así también, el artista desarrolla su trabajo en la construcción política del cuerpo, esto es, el cuerpo como una representación y definición del sujeto, en este caso como un sujeto colonizado. Dentro de sus procesos creativos, imagina, recrea y contextualiza nuevos caminos para enfrentar la construcción de la realidad que tiene un cargado “sesgo europeo y blanco”, dice. Razón por la cual, según él, “debemos buscar otras maneras de experimentar y sentir lo que nos rodea, ya que no vemos la realidad con nuestros ojos, sino que es la mirada de la colonialidad proyectada a través de nosotros”. 

Endémico web conversó con él sobre su práctica artística transdisciplinar, su búsqueda hacia el origen y de su posición fronteriza impuesta y heredada transformadora de identidad; de la relación que tiene y tenemos con la naturaleza y, por supuesto, de su trabajo más reciente: «La Naturaleza de los cuerpos colonizados», una muestra que recopiló su obra desde el 2019 en Chile hasta lo desarrollado en Holanda durante el 2020 y 2021. La muestra incluye el viaje de cuerpos, Naturalezas y territorios que se construyen en lo alterno, lo no contado, la decolonialidad del sentir y ser natural.

Álvaro prepara la tinta de sangre de cerdo para realizar la performance titulada Quinchahue. Un proceso ritual bioartístico en el contexto de las estéticas decoloniales. En Bilbaoarte, Bilbao, 2015. © Álvaro Aroca.

 E: Eres Ingeniero civil de profesión con un doctorado en investigación y creación de arte ¿cómo se produce este salto disciplinario? y ¿de qué forma has integrado la ingeniería a tus trabajos artísticos? 

A: La «profesión» muchas veces es un producto de la construcción social y no representa, en parte, el verdadero sentido de la experiencia del conocimiento. En este sentido, la ingeniería fue un proceso para descubrir otras cosas, un camino para repensar mi manera de ver la realidad e imaginar otras formas de establecer conexiones, además de conocer personas que me ayudaron a ello. El arte para mí, es un proceso vital y trasciende por sobre otras áreas de la academia. Ahora bien, toda la vida he estado ligado al arte, de una manera u otra, por lo que el salto para perfeccionarme fue una necesidad de vida para encontrar respuestas y sentido a mi proceso artístico autodidacta. De esta forma, mi trabajo artístico en una primera etapa estaba más ligado a buscar respuestas científicas en y con procesos naturales, por lo que me ayudé de mi conocimiento previo para desarrollar estas ideas. Pero como todo en la vida, mi punto de vista evolucionó, mientras más aprendía más me cuestionaba mi conocimiento preliminar. Fue un auto sabotaje sobre todo lo aprendido científicamente, ya que me di cuenta que muchos problemas que tenemos con la naturaleza vienen del cómo nos enseñan a relacionarnos con ella.

Muchos problemas que tenemos con la naturaleza vienen del cómo nos enseñan a relacionarnos con ella.

Tu trabajo se destaca por presentar un ruta ecológica ¿cómo surge este giro ambiental?

Más que una ruta ecológica, es una mirada más cercana de lo que me rodea, son sentimientos sobre mis recuerdos naturales, desde mi cuerpo en lo político. Esto surge producto de mi vida rural, mis paseos al bosque con mis perros en la niñez y el sin número de sueños que tengo sobre ello. Muchas veces no nos damos cuenta cómo un recuerdo positivo puede cambiar la visión que tenemos de ciertas cosas. Ayudó también mi aprendizaje sobre temas medioambientales en la universidad en Chile y vivir en países donde tienen altos niveles de consumo para satisfacer necesidades, muchas veces sin sentido. Me di cuenta de que tenía que volver a mis orígenes para entender primero mi relación con la naturaleza para luego cuestionar su construcción geopolítica y entender la razón de ciertas cosas, que hasta ese momento no tenían respuesta.

Durante el 2019 Álvaro Aroca en conjunto a Miriam Martínez Guirao desarrollaron el proyecto artístico Alhue, en el contexto de la Residencia Consorcio Museo Valencia. Este se articuló en la isla grande de Chiloé, y cuyo objetivo era poner en valor la relevancia de los saberes populares y la tradición oral, algunas referencias icónicas y sonoras del imaginario colectivo vinculadas a la identidad del lugar y la colaboración con algunos agentes culturales de la isla. En la fotografía se aprecia un cuerpo natural, extraído en el contexto de dicho proyecto. © Álvaro Aroca.

 

¿Crees que el arte nos puede ayudar como sociedad a llevar una vida más amigable con el ambiente? Si es así ¿en qué sentido?

El arte, más la empatía, el amor, compromiso social y el no olvidar nuestros antepasados, también pueden ayudar a salvar lo que queda de la Tierra. La experiencia estética es capaz de hacer visible lo invisible, de darle voz al que no tiene y llevarnos a mundos donde podemos tomar conciencia de ciertas cosas. En este sentido, la experiencia positiva llevada a contextos naturales con herramientas artísticas por ejemplo, puede visibilizar otras formas de establecer conexión con el ambiente. Desde la práctica, durante algunos años en el País Vasco, con la asociación cultural Idea Bat, de la cual soy parte, fuimos capaces de crear estos espacios donde diferentes personas conocían la naturaleza a través de un artista y un botánico, poniendo en valor el lugar mismo por medio de lo vivencial desde diferentes áreas del conocimiento, lo transdisciplinar en definitiva.  De esta forma transformamos hechos aprendidos y repensamos nuestra relación con la naturaleza. Soy un convencido de que todos tenemos algún recuerdo vivido en relación a la naturaleza más silvestre en el que ahondar por medio de herramientas artísticas e interacciones diferentes con su propio medio. 

La propuesta artística “La naturaleza de los cuerpos colonizados” se configura en forma alternada, en respuesta al contexto en el que se desarrolló la Residencia Open Ateliers Zuidoost, Amsterdam, 2019. El artista reconoce las relaciones con la memoria colectiva natural y etnográfica. Se pregunta ¿cómo reestructurar la narrativa de la reexistencia del ser, del sentimiento y su entorno natural capturado por la modernidad eurocéntrica? La obra de la imagen conjuga tela, bordado, fotografía y pigmento. Fue un trabajo realizado en el contexto de dicha residencia. © Álvaro Aroca.

 

Desde tu origen latinoamericano, chileno y temuquense, ¿Cuáles piensas que son las mayores problemáticas que existen en relación al vínculo entre las sociedades latinoamericanas, el territorio y la naturaleza? 

Expertos y políticos se han convencido desde hace muchos años que el desarrollo económico es un proceso inherente al desarrollo de los Estados. Esta idea –convertida en un verdadero mito contemporáneo– plantea la idea de que aplicando las políticas necesarias, los países se convertirán en sociedades con altos niveles de vida. Y más aún, para lograr este objetivo muchos países se han volcado ideológicamente a sistemas económicos y sociales que buscan  tal desarrollo. Sin embargo, cada vez son más las voces y hechos que plantean los peligros de continuar con esta tendencia. Algunos autores hablan incluso de un mal desarrollo generalizado ¿Cómo podríamos asumir los patrones de consumo de países supuestamente desarrollados sin caer en un desastre ecológico? Es imposible, los límites biofísicos de la Tierra nos revelan que no hay suficiente planeta para que todos puedan alcanzar estos altos niveles de consumo. Muchos países ya han superado sus propios límites ecológicos ingiriendo a otros como un recurso o capital natural. Y en eso se han convertido muchos países de Latinoamérica, debido a la construcción de la realidad que hoy vivimos. ¿Qué debemos hacer? A la luz de estos planteamientos alternativos de coexistir con el planeta, el plan del Buen Vivir desde su puesta en marcha el año 2008 constitucionalmente, ejerce su planificación a través de una serie de objetivos alineados en la transformación del modelo económico para que se convierta en un sistema social y solidario y garantizar los derechos de la Naturaleza y promover la sostenibilidad ambiental, territorial y global. Si bien se plantea como una alternativa al desarrollo, retoman procesos de vida con otra conceptualización y asumiendo otras relaciones intrínsecas con la Naturaleza (con mayúscula), los saberes indígenas. En la cosmovisión indígena no existe una idea análoga a la del desarrollo, lo que lleva a que en muchos casos se rechace ese concepto. Y lo más interesante, a mi modo de ver, no existen conceptos de riqueza y pobreza determinados por la acumulación y la carencia de bienes materiales ¿No es la hora de dejar de lado la hegemonía del constructo moderno/colonial que ordena nuestra conformación territorial y por ende nuestra relación con lo natural?

Acción en Parque y frottage sobre cuerpo. Trabajo realizado durante la Residencia Open Ateliers Zuidoost. Amsterdam, 2019.

Tanto en Chile como en otros países de Latinoamérica, en términos identitarios, la relación entre arte y Naturaleza ha sido protagonizada por un imaginario hegemónico, desde una perspectiva colonial y geopolítica. Por tal motivo existe una generación de artistas, donde me incluyo, que están abocados a tratar temas sobre la identidad y sus relaciones de poder. Proyectos artísticos sociales que trabajan sobre una crítica más vivencial, ante un panorama de una sociedad de consumo, racista y clasista como la chilena, por ejemplo. A su vez una práctica artística vivencial como eje, entrega la oportunidad para repensar el desarrollo procesual y su incidencia en el territorio corporal, mental y geofísico y cómo generar, a través de estos procesos, la construcción colectiva de un conocimiento o formas de vivir alternativas. La política, por ejemplo, es un espacio que opera y se constituye en lo social, produciendo su subjetividad en lo colectivo. Y su resultado es cambio para bien o para mal, como ya lo hemos vivido muchas veces. Sin embargo, tenemos que poner en valor lo colectivo como espacio donde se generan estrategias que evolucionan y vislumbran “realidades otras” que se plantean en miradas  alternativas al desarrollo y a la no colonialidad, base de la libertad del ser y sentir en la relaciones con la naturaleza. Finalmente, no podemos estar ajenos ante el cambio social, y pensar que es únicamente responsabilidad de los movimientos sociales, al contrario, se gesta desde lo vivencial, como convicción personal.

Tu última exposición trata sobre la naturaleza de los cuerpos colonizados ¿cómo se traduce la naturaleza colonial en tu trabajo y en otras prácticas artísticas ambientales? 

Es una postura crítica sobre cómo se construye la naturaleza desde la visión europea. Esta postura, conlleva  una  relación con mi cuerpo que es necesaria, por lo que soy y represento. Desde mi punto de vista reclamo que la naturaleza es un sujeto, es ser y sentir, estableciendo otras relaciones de no poder, más cercanas al biocentrismo. Una práctica que la llamo Arte del Buen Vivir, como estéticas de transición, desde mi investigación artística.  De esta forma surge el cuerpo natural como una convicción de mi ser, de mis creencias. Este cuerpo tuvo recuerdos en torno a su experiencia natural, posicionándose como contenedor de los recuerdos naturales, una manera de reconstruir una identidad natural. Ahora bien, la colonialidad otorga ciertas características a la naturaleza desde una mirada blanca, europea. Es un filtro que se vive hasta hoy y que conforma nuestro conocimiento del entorno. En un comienzo desde la mirada europea la naturaleza era bosque oscuro, lo salvaje, lo “otro» separando nuestro sentir de lo que nos rodea. Esta conformación se tradujo en posiciones frente a la naturaleza como un recurso natural, una frontera salvaje, un sistema, un capital, lugar fragmentado y en definitiva un espacio social del progreso, que son la mayoría de las relaciones que vivimos hoy en día frente a la naturaleza y que son la causa de la crisis planetaria que vivimos.

La construcción de la realidad tiene el sesgo europeo y blanco, por lo que debemos buscar otras maneras de experimentar y sentir lo que nos rodea, ya que no vemos la realidad con nuestros ojos, sino que es la mirada de la colonialidad proyectada a través de nosotros.

Entendiendo esto, debo posicionarme desde esa mirada para desarrollar mi práctica artística. No es fácil. Es un trabajo de reflexión muy profundo y autoconocimiento desde la auto determinación para proyectar la conciencia de mi ser colonizado en mi entorno y experimentar la interacción con la naturaleza desde su construcción ideológica. Es un prisma que estimula mi práctica artística y me ha llevado a desarrollar proyectos que hablan de esa naturaleza que necesita despertar del ser colonial. 

Por otra parte, para otras prácticas artísticas ambientales o más bien que trabajan desde la naturaleza, la colonialidad no es una preocupación ya que no es parte de su conformación cultural. En Europa por ejemplo, existe una visión más apropiacionista del entorno, desde la visión fallida del Land art hasta las intervenciones efímeras sin integración con el medio. En definitiva, la noción de paisaje, la construcción de la realidad tiene el sesgo europeo y blanco, por lo que debemos buscar otras maneras de experimentar y sentir lo que nos rodea, ya que no vemos la realidad con nuestros ojos, sino que es la mirada de la colonialidad proyectada a través de nosotros.

Parte de la performance Quinchahue. Tela, sangre de cerdo y sangre humanda. Bilbao, 2015. © Álvaro Aroca.

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Imagen de Portada: Performance Quinchahue © Álvaro Aroca.

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