Alianza Gato Andino: una mirada desde la Educación Ambiental

Mi nombre es María José, pero todos me conocen como Marijo. Trabajo como docente de Biología, y llevo en el alma la Educación Ambiental, tarea que he desarrollado principalmente como miembro de la Alianza Gato Andino (AGA), una red multinacional e interdisciplinaria que se encuentra conformada por miembros de los cuatro países, donde habita la […]

Mi nombre es María José, pero todos me conocen como Marijo. Trabajo como docente de Biología, y llevo en el alma la Educación Ambiental, tarea que he desarrollado principalmente como miembro de la Alianza Gato Andino (AGA), una red multinacional e interdisciplinaria que se encuentra conformada por miembros de los cuatro países, donde habita la especie: Argentina, Bolivia, Chile y Perú. Todas mis campañas educativas sobre el gato andino las hice en compañía de Mauro, mi marido, quien también es miembro de AGA. Por esta razón, cuando decidí escribir esta nota, lo primero que se me ocurrió fue preguntarnos ¿qué es lo primero que nos viene a la mente, cuando pensamos en esos viajes?

Una captura nocturna del gato de los pajonales (Leopardus colocolo), el que co-habita con el gato andino (Leopardus jacobita). © AGA.

Siento que el corazón late más fuerte pensando en el día que comencé a visitar los lugares donde vive el gato andino (Leopardus jacobita) y compartí mis primeras experiencias con las personas que viven en esos lugares tan hermosos e inhóspitos al mismo tiempo. Lo primero que recuerdo son esas miradas de los niños y niñas atentos y curiosos, con oídos «más grandes» por su gran deseo de aprender y escuchar sobre este animal. Y lo que nunca olvidaré son sus sonrisas simples y sinceras que nos llenaron el alma!

Mauro, por su parte, recuerda “todos esos kilómetros recorridos en vehículos precarios sobre caminos de tierra para llegar a pueblitos minúsculos, donde la escuela es el edificio más grande e importante, apenas visibles en la inmensidad de los paisajes de la Puna argentina”. Al igual que yo, destaca “la sorpresa en los ojos de los chicos y chicas al vernos llegar y al descubrir que íbamos a pasar unas horas con ellos. Siento como si fuera real en mi piel y mis ojos la fuerza de los rayos del sol que la atmósfera sutil de los 4000 metros de altura no logra filtrar eficazmente. Uno de los momentos que no puedo olvidar es cuando uno de esos jóvenes de ojos y pelo de un color negro tan oscuro como un pozo se me sentó al lado y después de un rato se animó a tocar mi pelo, para ver cómo se sentía un cabello más claro y tan raro!, lo que confirmó la necesidad vital de saber construir pacientemente puentes que permitan superar las aparentes distancias culturales que nos separan de las comunidades locales de las zonas alto andinas».

Marijo y Mauro realizan educación ambiental como miembros de la AGA, una red multinacional e interdisciplinaria que se encuentra conformada por miembros de los cuatro países, donde habita la especie: Argentina, Bolivia, Chile y Perú. © AGA

Hacer Educación para la conservación en estas escuelas rurales de tiene principalmente que ver con las ganas de compartir, de intercambiar experiencias vivenciadas y de libros. ¡Esta es la lección principal que nos llevamos! Nuestros materiales y estrategias educativas son importantes, por supuesto. Los estudiantes de esas escuelas y sus docentes estaban fascinados cuando recibían nuestros coloridos libritos contando la historia de Almita la Gata Andina. Los juegos como la red alimentaria, las obras de teatro y títeres, en las plazas o patios de las escuelas, nos permitieron llegar a esas mentes curiosas y despertar el interés acerca no sólo de los aspectos biológicos de nuestro gato andino, sino también de los sentimientos que afloran acerca de la naturaleza y de nuestras actitudes frente a ella. 

Sin embargo, de inmediato comprendimos que ir a entregar material educativo –por más atractivo que fuera- y dar una charla de una hora no tenía sentido, si realmente queríamos dejar una huella. Estamos convencidos que si algo quedó en las mentes y corazones de estos niñas y niños fue que los hicimos sonreír, los escuchamos, intercambiamos aromas y sabores de sus sencillos platos típicos, estuvimos durmiendo en las mismas cuchetas donde ellos pasan esas largas noches en las que la temperatura desciende todo el año por debajo de los cero grados. 

Los estudiantes y sus docentes recibiendo los coloridos libritos contando la historia de Almita la Gata Andina. © AGA

Por años, cuando podíamos recabar un tiempo en nuestras actividades laborales, fuimos a muchos de esos lugares remotos con el objetivo de ayudar a conservar a este gato amenazado de extinción y al resto de las especies que comparten con él los ecosistemas alto-andinos. Nuestra intención era contribuir a hacer del mundo un lugar mejor, queríamos “cambiar las cosas”. Sin embargo, fue el gato andino, los niños y las niñas que comparten su “hogar” con él que nos cambiaron a nosotros. Sentimos que fue mucho más lo que aprendimos que lo que enseñamos.

Para nosotros el gato andino, aunque no deja que lo observemos a menudo, es el alma de los Andes, de esos paisajes duros y grandiosos, de la biodiversidad que se encuentra únicamente ahí (rica en especies endémicas), pero sobre todo es el alma de esos pequeños pueblos y sus comunidades, personas que no saben de tiempo, que conocen los sonidos más puros y respiran la verdadera pureza de la vida. 

El gato andino tiene adaptaciones morfológicas especiales a estos ambientes únicos. Su cola larguísima y gruesa, por ejemplo, le permite mantener el equilibrio durante las locas persecuciones de los chinchillones (su presa principal) entre roquedales y paredes rocosas y le ayuda a recuperarse del frío de las noches. Su pelaje gris con estrías marrones lo mimetiza perfectamente en los hábitats casi sin vegetación en los que se mueve sigiloso. De forma parecida, las comunidades de las regiones puneñas han desarrollado tradiciones y formas de vida que les han permitido vivir y desarrollar una rica cultura a pesar de los desafíos de un medio ambiente caracterizado por mucha aridez, escasa productividad y condiciones casi extremas.

El gato andino tiene adaptaciones morfológicas especiales a estos ambientes únicos. Su cola larguísima y gruesa, lo que le permite mantener el equilibrio durante las locas persecuciones de los chinchillones. © AGA

Compartir con los alumnos y alumnas, los profesores y profesoras, el personal no docente esos días y esas noches nos enseñó a dejar de sentir a la Puna como un lugar hostil y lejano y a empezar a formar parte de él, como un gran entramado de relaciones únicas. Si pudimos llegar con vehículos precarios y entre caminos sin señales a esos lugares lejanos…. ¡esa era la señal! Algunos de estos jóvenes, inspirados por nuestras actividades, tomarán la decisión, una vez adultos, de buscar alternativas de desarrollo más compatibles con la conservación de la naturaleza, y así nuestros esfuerzos habrán sido recompensados.

Compartimos una gran diversidad de recursos (algunos disponibles en formato papel y otros audiovisuales), pero muchos otros aprendizajes sólo quedaron grabados en nuestras mentes y en nuestros corazones. Abrimos la puerta a las emociones en cada una de nuestras actividades porque cada niño o niña pudo expresarse desde la lectura, la pintura, las actividades lúdicas; compartimos el conocimiento científico sobre esta especie tan maravillosa y su entorno y aprendimos a involucrarnos con el equilibrio del entorno. Hasta un herbario nos fue regalado en una oportunidad con las plantas de uso medicinal y a las cuáles recurrimos cuando tuvimos dolor de cabeza, tos o resfrío y hasta náuseas.

Ahora, si tratamos de imaginar cuando será la próxima vez que volvamos a reencontrarnos, nos damos cuenta que, si bien cada visita es única, lo que sabemos es que siempre hay algo que estará: son esos oídos y ojos tranquilos y profundos, esas sonrisas tímidas y sinceras, y el deseo, mutuo, de compartir!

Marijo compartiendo y enseñando sobre el gato andino. © AGA

Encuentra todo el material didáctico y la información en www.gatoandino.org

Sobre los Autores:

María José Merino y Mauro Lucherini son investigadores y educadores ambientales y miembros de Alianza Gato Andino (AGA). Además conforman el Grupo de Ecología Comportamental de Mamíferos – INBIOSUR – CONICET y la Universidad Nacional del Sur, Argentina. 

Foto de portada: Gato andino. © Galería AGA.

El gato andino: Puente de conexión entre las comunidades andinas y su cultura

El felino sagrado de los Andes A lo largo de los Andes de Argentina, Chile, Bolivia y Perú vive un misterioso felino del cual hasta hace poco más de 20 años la ciencia occidental conocía de su existencia, pero nada se sabía acerca de su biología y ecología: el gato andino (Leopardus jacobita). Fue con […]

El felino sagrado de los Andes

A lo largo de los Andes de Argentina, Chile, Bolivia y Perú vive un misterioso felino del cual hasta hace poco más de 20 años la ciencia occidental conocía de su existencia, pero nada se sabía acerca de su biología y ecología: el gato andino (Leopardus jacobita). Fue con el propósito de conocer y estudiar a este felino que el año 1999 se creó la Alianza Gato Andino (AGA), una organización que se dedicó a recabar información sobre esta enigmática especie, clasificada como “En Peligro” por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), y uno de los felinos más raros del mundo.

En sus inicios, las primeras expediciones para conocer al gato andino se realizaron en el altiplano andino, un lugar tan inhóspito como cautivador, situado en lo que podría llamarse el techo del mundo terrenal. Basándonos en la mitología Inka, el lugar donde habita este felino se encuentra en lo que sería la frontera entre Kai pacha (el mundo de aquí) y Hanan Pacha (el mundo de arriba, donde se encuentran los dioses), alcanzando alturas que pueden superar los 5.000 metros de altitud (casi el límite de las condiciones para la vida macroscópica). Es entre rocas y laderas escarpadas que este felino ha encontrado su lugar en el mundo, cerca de los Apus y Achachilas, entidades superiores para el mundo andino. Y al parecer este lugar privilegiado junto a los dioses espirituales ha hecho que el gato andino no haya pasado desapercibido para las comunidades de los Andes.

Mujeres pastoras de la comunidad de Pucasaya, Perú © Anthony Pino – AGA

Una cosmovisión ampliamente representada

Si bien hasta hace muy poco para la ciencia occidental este felino era prácticamente un fantasma, hace años que para el mundo andino su figura fue parte relevante de su cultura. Diversas son las manifestaciones precolombinas que a través de petroglifos, vasijas y elementos rituales muestran a un felino moteado dotado de una larga y gruesa cola anillada. Su figura aparece además en narraciones locales como la del mito del Qhoa, el cual habla sobre un felino volador capaz de traer las lluvias al altiplano (Kauffmann, 1991). Por cierto, este mismo felino es el que se encuentra entre las figuras dibujadas en el altar mayor en el templo de Coricancha en Cuzco, representación considerada la síntesis de la cosmovisión andina (Giraldo-Jaramillo, 2015). El mito del Qhoa recobra especial relevancia en los ecosistemas del Altiplano andino, en donde el agua es un elemento escaso, y a la vez de gran importancia para la agricultura y ganadería, principales actividades económicas de las comunidades locales.

Asociado también a la actividad ganadera se encuentra el uso ritual de pieles y ejemplares embalsamados de este felino (y también del gato del pajonal o colocolo, Leopardus colocolo) por parte de las comunidades. Durante las ceremonias andinas del wayño y la k’illpa, a través de las cuales el ganado camélido (llamas y alpacas) es marcado, el gato andino se transforma en una figura central que se asocia con los dioses, llamando a la fertilidad y prosperidad. En estos rituales el gato toma el nombre del Awatiri Mallku, el pastor o cuidador sobrenatural de los animales, vínculo entre el mundo terrenal y sobrenatural. Esta estrecha interrelación entre elementos naturales propios del ecosistema y elementos relevantes dentro de la cultura es común en el mundo andino, en donde animales, plantas, ríos y montañas tienen un valor cultural, más allá de su valor ecológico (Grebe, 1989; Castro y Aldunate, 2003). De esta manera, la naturaleza pasa a formar parte fundamental en sus quehaceres, tradiciones y costumbres, a la que se le respeta y venera.

Figura de felino alusiva al gato andino en pieza de alfarería de Tiwanaku © Nicolás Lagos

El abandono del origen

Al igual que la naturaleza, la cultura humana se encuentra en constante evolución. Si bien en las culturas andinas estos cambios históricamente han ocurrido en sincronía y armonía con su entorno natural, la occidentalización y consecuente alejamiento de las personas con su identidad cultural y la naturaleza ha traído consigo una pérdida de esta conexión tan importante con lo que ha formado parte intrínseca de sus vidas. Para el mundo occidental, naturaleza y cultura parecieran ser dos conceptos opuestos que además se presentan en una relación jerárquica en donde la naturaleza se encuentra al servicio del bienestar humano. Sin embargo, las comunidades andinas entienden que el bienestar humano se encuentra fuertemente ligado al bienestar de la madre naturaleza, como lo representan en la filosofía andina del Sumaq Kawsay o el Buen Vivir.

Es entre rocas y laderas escarpadas que este felino ha encontrado su lugar en el mundo, cerca de los Apus y Achachilas, entidades superiores para el mundo andino

A partir del desencuentro que hubo entre las culturas existentes en nuestro continente previo a la llegada de los europeos y la cultura del viejo mundo, las primeras han recibido modificaciones importantes, siendo un fenómeno de transformación continua (Ortiz, 1992) y en la mayoría de los casos iniciado a la fuerza. Con la llegada de la cultura del nuevo mundo y el proceso de extirpación de idolatrías, se evidenció el despojo sistemático de la rica cultura precolombina que reinaba en los Andes centrales (Castro, 2009). Y fue así como los Apus fueron suplantados por cruces en sus cumbres, las Huacas por iglesias, los idiomas Quechua, Aymara, Kunza y otros por el castellano, y en la actualidad los tres mundos de la mitología inka fueron reemplazados por el de la ciudad y el del campo. Al ver despojada en el mundo andino la relación entre naturaleza y cultura, el respeto y cuidado hacia la madre Tierra ha quedado cada vez más olvidado.

Con el paso de los años, cada gran avance tecnológico empezó a conectar a las personas alrededor del mundo, hasta llegar a la actualidad, en donde podemos saber en tiempo real qué es lo que sucede en el otro extremo del mundo, a miles de kilómetros de distancia. Latinoamérica no fue ajena a estos avances, sin embargo, surgió en la mente de sus habitantes una confrontación de palabras: naturaleza y desarrollo. Pero este concepto de desarrollo dista mucho del que practicaron las culturas andinas a través del Buen Vivir, ya que se encuentra estrechamente relacionado con el crecimiento económico desenfrenado, que no respeta ni conoce los límites propios de la naturaleza.

Artesanas de la comunidad de Lagunillas de Farallón en Argentina preparando la materia prima para sus artesanías © Silvina Enrietti

La artesanía como generadora de lazos entre mujeres y su cultura

“Me siento orgullosa de saber que sí hago algo por mi tierra, para que se conozca que el gato andino está presente y a la vez lograr que no se extinga” dice María Molina, miembra de la agrupación de artesanas “Las Mitchy de Ayquina” en Alto Loa, en la región de Antofagasta. Junto a otras mujeres del sector han impulsado la creación de artesanías en base al gato andino hacia todo Chile y el mundo. Y es que uno de los principales propósitos de la Alianza Gato Andino y de la iniciativa “CATcrafts” es la conservación a largo plazo de las poblaciones de esta especie, en armonía con las comunidades locales con las cuales comparte su hábitat. Para lograr esto ha sido fundamental el trabajo colaborativo con la gente local, respetando su cultura e implementando programas que permitan un desarrollo económico local de manera armónica con su entorno, integrando así la cultura actual, la naturaleza y los valores culturales ancestrales.

La iniciativa, que ya está presente en comunidades de Argentina, Chile y Perú, tiene como objetivo potenciar alternativas económicas sustentables para las comunidades andinas. Para esto, trabajan junto a mujeres artesanas para identificar y fomentar la práctica de técnicas ancestrales y la utilización de materias primas locales, poniéndolas en perspectiva para el comercio global. De este modo buscamos reconocer la evolución de la cultura local, pero a su vez protegiendo y celebrando su identidad ancestral, integrando a las comunidades que cohabitan con el gato andino al mundo occidental, pero manteniendo sus valores tradicionales. Asimismo, buscamos empoderar a las mujeres locales mediante la generación de ingresos alternativos para sus familias.

Una parte muy importante del programa incluye también el intercambio de saberes entre las comunidades que habitan los distintos rincones de distribución del gato andino. Sabemos que al igual que el gato andino, la cultura andina se encuentra en un proceso de extinción local, en donde la juventud ha perdido el interés por reconocer y valorar sus raíces. En el mundo andino son las mujeres las encargadas del resguardo y transmisión de la cultura y saberes tradicionales dentro del núcleo familiar. Estos encuentros permiten a las artesanas conectarse a través de algo tan propio como sus saberes y cultura, y a la vez perfeccionar y aumentar el abanico de conocimientos para generar ganancias a través de actividades amigables con el medio ambiente. A lo largo de estos tres años de vida, creemos que este programa ha aportado un granito de arena para transformar a las artesanas en embajadoras de la conservación y de la cultura Andina ayudándolas a compartir aún más esta hermosa cultura con el mundo entero, para que así no se pierda ese poco conocido pero importantísimo pedacito de los Andes.

Mesa ritual en ceremonia de la k’illpa en el Parque Nacional Sajama, Bolivia © Natalia Giraldo

Referencias

Castro, V., & Aldunate, C. (2003). Sacred Mountains in the Highlands of the South-Central Andes. Mountain research and development, 23(1), 73–79.

Castro, V. (2009). De ídolos a santos: evangelización y religión andina en los Andes del sur. Santiago, Chile: Universidad de Chile, Facultad de Ciencias Sociales : Ediciones de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, Centro de Investigaciones Diego Barros Arana.

Giraldo, N. (2015). Conversar y conservar en los Andes del centro-sur. Sacralidad y conservación de los felinos menores altiplánicos gato andino y gato de las pampas. Tesis presentada para optar al grado de Magíster en Áreas Silvestres y Conservación de la Naturaleza. Universidad de Chile, Santiago, Chile. 301 pp.

Grebe, M.E. (1989). El culto a los animales sagrados emblemáticos en la cultura

Aymara de Chile. Revista Chilena de Antropología, (8), 35–51.

Kauffmann Doig, F. (1991). El mito de Qoa y la divinidad Universal Andina. En: El Culto estatal del imperio Inca: Memorias del 46o Congreso Internacional de Americanistas, Simposio ARC-2. 1988 (Vol. 2, pp. 1–34). Amsterdam: Universidad de Varsovia, Centro de Estudios Latinoamericanos, CESLA.

Ortiz, G. P. (1992). Impacto a nuestras culturas autoctóctonas y sus transformaciones con la llegada de los españoles. Temas de Nuestra América. Revista de Estudios Latinoamericanos, 8(18), 89-102.

Figuras artesanales del gato andino © AGA

Sobre los Autores

Nicolás Lagos es Ingeniero en Recursos Naturales Renovables, Coordinador en Chile de Alianza Gato Andino, se dedica a la protección y conservación de los felinos silvestres en Chile, en especial del gato andino y el puma. Además, es un fotógrafo aficionado que disfruta de caminar y asombrarse con la belleza de la naturaleza.

Cintia Tellaeche es Bióloga Argentina y miembro de la Alianza Gato Andino, ha dedicado su carrera desde los inicios al estudio del gato andino, y al trabajo con las comunidades locales para lograr la coexistencia entre la fauna silvestre y las poblaciones humanas, en el norte de Argentina.

Anthony Pino es Biólogo Peruano y ecólogo de profesión, amante de la naturaleza y la cultura alto andina y junto con sus colegas de la Alianza Gato Andino actualmente dedica todos sus esfuerzos y capacidades a la conservación de estos ecosistemas.

Imagen de portada: Gato andino (Leopardus jacobita) © Juan Reppucci – AGA

Agustín Iriarte forma parte del grupo especialista de felinos de la IUCN,  un grupo de personas que estudian y publican sobre gatos. Hace casi 20 años formó la Alianza Gato Andino, organización que trabaja en todo el territorio por donde se desplaza la especie: Chile, Argentina, Perú, y Bolivia. Conversamos con él sobre el desafío […]

Agustín Iriarte forma parte del grupo especialista de felinos de la IUCN,  un grupo de personas que estudian y publican sobre gatos. Hace casi 20 años formó la Alianza Gato Andino, organización que trabaja en todo el territorio por donde se desplaza la especie: Chile, Argentina, Perú, y Bolivia.

Conversamos con él sobre el desafío de estudiar y conservar este felino tan poco conocido.

¿Cómo fue el proceso de formar la alianza Gato Andino?

Yo venía trabajando con gatos hace mucho tiempo. En Chile son cinco especies: el puma y cuatro gatos más chicos. Está el geoffroy, la guiña – que es uno de los gatos más pequeños del  mundo- el colocolo y el gato andino.

En una reunión del ´96 se definió el plan de acción para los felinos a nivel mundial, definiéndose las prioridades y la necesidad de invertir en ciertas especies. Y una de las prioridades era el gato andino. Entonces la Fundación Bossack & Kruger Foundation me contactó para hacer algo con esta especie en Bolivia, Argentina y Chile, comenzando a trabajar en los tres países. Tras eso, se expandió, y en este momento somos unas 40 personas, con Perú incluido.

Uno de los hitos fue la creación de un plan de acción para la conservación del gato andino, renovado cada 5 años. En un momento un amigo nuestro se contactó con Wildlife Conservation Network , y ellos nos ofrecieron financiar el plan de acción de la Alianza. Ya llevamos nueve años trabajando con ellos, lo que ha sido fundamental.

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¿Por qué decidieron enfocarse en el gato andino?

Es una especie extremadamente rara. Llevamos estudiando el gato andino 15 años, y yo al menos, nunca lo he visto, así como tampoco ninguno de mis muchachos . Sólo lo hemos visto por las trampas cámaras.

¿Saben cuántos ejemplares hay?

Hay poquísimos. Y aunque ya tenemos bastante información sobre el área que hemos estado estudiando el número es difícil estimar. Yo estimo que unos 50-100 en Chile. No más que eso. ¡Imagina que instalamos cuarenta trampas cámaras en varios lugares durante un período de seis meses y obtuvimos tres fotos! Por otro lado, hemos entrevistado a ganaderos del altiplano -que han estado toda su vida en terreno- y han visto al gato andino una o dos veces en su vida…un tipo que vive hace 70 años en el altiplano.

Bueno, me imagino que tiene que ver con la personalidad del gato en general, quizás son tímidos.

Sí, son más elusivos.

¿Es una especie en estado muy crítico?

Cuando se hizo un plan de acción para los gatos a nivel mundial, quedaron dos especies con alta prioridad: el lince ibérico (que se estiman que quedan unos 50), y el gato andino.

Lo que hacen las grandes fundaciones con estos planes de acción es localizar sus esfuerzos para estudiar estas especies. Usando un contra ejemplo, no van a estudiar al gato Geoffrey, porque existe en grandes cantidades. Hay muy pocos ejemplares del gato andino, se sabe muy poco y es una especie bandera.

Por ejemplo, un proyecto que realizamos con Claudio Sillero de la Universidad de Oxford, fue crear una área protegida tri-nacional entre Chile Bolivia y Argentina. Hicimos varias reuniones, y usamos como especie bandera al gato andino.

¿Y en qué estado está el proyecto?

Terminó. Se hicieron reuniones e informes.

¿No se ha aprobado?

Es una intención, pero no puedes obligar a los países a crear áreas protegidas. Se presentó el proyecto a los tres gobiernos y se firmó un protocolo sobre la necesidad de crear áreas protegidas en la zona. De esta forma, el gobierno provincial de Jujuy (Argentina) lo hizo, mientras que Bolivia ya lo tenía (Reserva de Fauna Eduardo Avaroa). Pero faltó Chile, porque una parte del área es privada (Puritama), que pertenece al dueño del Hotel Explora. De todas formas, él la quiere proteger, creando un área protegida privada.

Sin embargo, más a la cordillera no está protegido. La CONAF está un poco complicada ahora, ya que crearon varias áreas y las tuvieron que congelar. Hay una que se llama Reserva Nacional Alto Loa, que se crea porque las áreas -especialmente del norte- tienen mucha perforación por peticiones mineras.

Entonces estaban proponiendo crear esta área protegida que aborda territorios en tres países, ¿Aun no se concreta en Chile y Argentina?

En Argentina han ido avanzando. Hay personas de allá que trabajan en parques nacionales que participaron en esta reunión, en conjunto con personas representantes de la provincia de Jujuy. Sin embargo, muchas veces crear las áreas protegidas no tienen sentido si no las fiscalizas.

¿Cuánto contempla esta área?

Sería como un millón de hectáreas. Es un área grandota.

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Mural por Rodrigo Villalobos

EL GATO ANDINO VS OTRAS ESPECIES

¿Cómo se diferencia el gato andino del colocolo o la guiña?

El gato andino tiene un tamaño más grande con respecto a ellos dos: la cola es más grande, con ocho anillos. Tiene mucho más piel y es un habitante de altura. Vive sobre 3,000 metros de altitud; las patas están acostumbradas de correr en roca y la cola larga lo ayuda a nivelarse cuando corre entre rocas. Tiene un antifaz muy característico debido a la mancha negra que tiene en la cara. Antes pensábamos que el colocolo vivía más abajo, pero viven juntos. Por cada cuatro colocolo hay un gato andino.

¿Interactúan entre ellos?

Es muy raro que haya dos especies emparentadas viviendo en el mismo lugar y a la misma hora. Sin embargo, pertenecen al mismo género, Leopardus.

El gato andino come más vizcachas; el colocolo come más especies como  roedores pequeños,  patos, etc. El gato andino también es más nocturno; el colocolo más crepuscular. El gato andino utiliza más  roquedales que áreas con vegas; el colocolo vive en todas partes. Es por esto que el colocolo es más común, a pesar que el gato andino tiene más aptitud para vivir en estos ecosistemas. Por ejemplo, una piel gruesa para soportar las temperaturas, los cojinetes de las patas, su larga cola, etc.

¿Será que es porque tiene muy baja diversidad genética (por ende deben reproducirse entre familiares)?

Es una de las posibilidades, a pesar que los estudios que ha hecho un amigo peruano, Daniel Cosos, indican que la diversidad genética del gato andino no es tan baja, y eso nos sorprende.

Una hipótesis que tengo es que pasó por un cuello botella genético, como  le pasó al cheetah: quedaban muy pocos y luego aparecieron problemas genéticos, porque casi todos los cheetah eran el mismo individuo. Creemos en teoría que, en algunos casos, esto podría haber pasado con el gato andino, ya que en algunas zonas la diversidad genética es muy baja.

Pero es difícil de entender, porque para esto hay que capturar un macho, pero no hemos podido.. Hemos detectado a dos individuos en un período de 20 años.

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Foto: Mauro Lucherini

AMENAZAS

¿Cuáles son algunas de sus amenazas más latentes?

Minería, caza, y falta de agua. Es muy complicado. El cambio climático afecta directamente esta especie. Hay zonas donde la minería ha sacado toda el agua, pero en Puritama (el área que estamos trabajando), no hay minería. Hubo 10 años de sequía, pero ahora llevamos 5 años de lluvia. Entonces deberíamos estar viendo un aumento de la población. Pero aún no la vemos.

¿Y la casa furtiva?

En Puritama no hay, pero en la zona Aimara (en la primera y segunda región), sí hemos detectado caza. Es típico encontrar pieles o gatos embalsamados que usan en festividades. Hay un ritual que dice que, si ves un gato andino y lo matas, tienes un año de buena suerte. Son tradiciones antiguas indígenas.

¿Los agricultores que tienen ganado se sienten amenazados por el gato andino (tal como sucede con el Puma en otras partes de nuestro país)?

Pasa menos, pero en la zona altiplánica hay muchos problemas con puma y zorro, pero no con gato andino. Sí hemos sabido de casos que han matado al colocolo por entrar al gallinero, pero en el norte casi no hay gallineros. Estamos hablando de una especie muy crítica

¿El perro es una amenaza grande?

Si me preguntas cual es la amenaza más grande a la biodiversidad en Chile, te digo los perros. Hemos visto perros en todas partes, en todas nuestras trampas cámara. Matan vicuñas, guanacos, pudues, todo. Pero nadie se atreve a meterse en este tema. Tenemos muchos antecedentes de estos daños.

Sabemos que el culpable es el ser humano, y debemos hacer algo. Si tu pones en una balanza un pudú o un perro ¿cuál eliges? Un perro es capaz de matar a cientos de animales salvajes en su vida, especies endémicas en peligro de extinción. Nosotros tenemos responsabilidad como país de proteger nuestra fauna. Chile es el caso más grave en cuanto a este tema en Sudamérica.

¿Cuál es el depredador natural del gato andino?

El puma y el zorro culpeo.

¿Cuál es la visión de ustedes para poder conservar la especie?

Básicamente, seguir con la educación a los niños. Luego, entender bien la distribución geográfica de la especie. Los  ejemplares más al sur que encontramos eran los de San Pedro de Atacama; pero de pronto nos avisaron que unos obreros de una minera fotografiaron al gato andino al sur de la 3a región.

Ahora pasamos de San Pedro hasta región metropolitana, porque pillaron uno en el camino a Valle Nevado. Creemos que puede llegar hasta la séptima región, porque en Argentina llega hasta la provincia de Neuquén al frente de la octava región. Nuestra teoría es que podría llegar hasta el Maule.

¿Cómo podrían las comunidades ayudar a conservar la especie?

Tenemos unas presentaciones que hemos llevado a pueblos en escuelas, y en alguna estamos haciendo murales con los niños: llevamos artistas visuales y entre todos hacen un mural con el gato andino. Tenemos unos 8 murales en distintas partes de Chile (1a, 2a, y 4a región).

Además, hicimos un concurso donde los niños hicieron cuentos sobre el gato andino, y publicamos varios libros. Por otro lado, también producimos libros para colorear y otros con información en Aymara y Quechua.

¿Crees que para realmente avanzar para conservar especies como el gato andino, es necesario cambiar la constitución?

Sí, primero que nada es necesario cambiar el Código de Minería.

Y algo importante: debemos saber que nosotros estamos incumpliendo la convención CITES (Convención Internacional de Tráfico de Especies Silvestres). Esto es porque todas las especies protegidas por CITES deben estar protegidas internamente, y resulta que la flora no está protegida en Chile. En la Constitución la flora es considerada “un bien inmueble por adherencia”, lo que quiere decir que el propietario puede hacer lo que quiera con ellos. ¿Cómo regulas el corte de bosque nativo si el bosque pertenece a los propietarios? Es inconstitucional hoy, y debiera ser derogado. La propiedad de la biodiversidad chilena debe ser del Estado.

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Foto de portada: James Sanderson