Las nuevas tecnologías, el boom de las redes sociales, la interconectividad y el acceso ilimitado a la información están cambiando significativamente la manera en que las personas se vinculan entre ellas y con su entorno. Se trata de un fenómeno que está poniendo en jaque a los modelos económicos tradicionales, revalorizando el papel del individuo […]

Las nuevas tecnologías, el boom de las redes sociales, la interconectividad y el acceso ilimitado a la información están cambiando significativamente la manera en que las personas se vinculan entre ellas y con su entorno. Se trata de un fenómeno que está poniendo en jaque a los modelos económicos tradicionales, revalorizando el papel del individuo en el mercado.

Aquel empoderamiento, que se percibe con fuerza en fenómenos sociales y acciones políticas, también se expresa en las herramientas y estrategias con que las personas emprenden los más diversos proyectos; generando redes de apoyo, equipos de trabajo a distancia, inversiones participativas, instancias de trueques y apoyo masivo a diversas causas.

Se trata de un modelo que se ha aplicado en la vida cotidiana desde los inicios de la Humanidad, y que actualmente ofrece la alternativa de un mercado más justo y participativo tanto para productores como para los consumidores gracias a las ventajas de distintas plataformas de interconectividad.

Es por ello que actualmente el concepto de economía colaborativa está tomando una inusitada fuerza en Europa y Estados Unidos, y cada día surgen nuevas estrategias creativas para hacer negocios, comercializar productos o concretar proyectos. Al tratarse de una tendencia disruptiva, con un enfoque que se enfrenta al actual sistema capitalista, es un tema que debe ser estudiado y debatido con altura de miras, comenzando por difundir el concepto y sus premisas en la población en general.