De cara al viento, respiras frío en Tierra del Fuego. Cada tanto, si el soplo merma, puedes oír el murmullo del bosque y sus habitantes.  Arriba, corren las nubes indomables por el cielo infinito.  Abajo, palpita un suelo húmedo. Si lo acaricias con los pies descalzos, reconoces innumerables montículos vegetales. Si caminas sobre ellos, sin […]

De cara al viento, respiras frío en Tierra del Fuego. Cada tanto, si el soplo merma, puedes oír el murmullo del bosque y sus habitantes. 

Arriba, corren las nubes indomables por el cielo infinito. 

Abajo, palpita un suelo húmedo. Si lo acaricias con los pies descalzos, reconoces innumerables montículos vegetales. Si caminas sobre ellos, sin mucho esfuerzo, brota agua dulce desde el centro, cubriendo suavemente tus dedos, sin que el barro pueda dejar huellas importantes sobre la piel. 

Hay algo amable, gracioso y misterioso en el instante del contacto con las turberas.

Un aroma fresco expele del frote entre la piel y esa particular materia vegetal. Un olor intenso que despierta la memoria.

Y es que hay historias ancestrales albergadas en las turberas de Tierra del Fuego, esperando emerger. También hay un presente urgente: la necesidad vital de promover su conservación. Y sí, también, hay futuro. Un futuro local y global, que reside en el innegable valor de estos ecosistemas para la supervivencia en el planeta y el bienestar de sus sociedades. 

Las turberas de Tierra del Fuego están en lugares remotos y presentan tantos obstáculos para acceder, que eso las protege   © Ricardo Gallo.

El palpitar de las turberas

Hoy, de cara a la crisis ambiental y al calentamiento global, el desafío de preservar los ecosistemas sin degradarlos, es de suma urgencia e instala a las turberas en el centro de la discusión. Por eso, un amplio grupo proveniente del ámbito público y privado y de instituciones tanto locales como internacionales, se aunaron bajo la “Iniciativa de turberas de la Patagonia”, para, a partir de conocimientos diversos como la educación, los saberes ancestrales, la ciencia, las artes, la administración,y por supuesto, la conservación  trabajar con la misión de dar a conocer al mundo la grandeza de su naturaleza vital. Y con ello, instalar en la agenda, la necesidad de protegerlas, de manera de cambiar la historia escrita por Europa, donde producto del uso no sustentable, como la extracción masiva de turba y el drenaje, hoy las turberas están altamente degradadas, y han perdido sus funciones ecológicas básicas como la captura y el almacenamiento de agua y carbono.

De este encuentro fecundo entre apasionados por la salvaguardia de la biodiversidad surge un proyecto colectivo de arte interdisciplinar. ¿Su nombre? Turba Tol “Hol Hol Tol”, que en idioma Selk`nam, quiere decir “Corazón de las turberas”. Se trata de una propuesta creativa que nace de la sinergia entre la plataforma Ensayos, la Wildlife Conservation Society Chile (WCS Chile) y la Fundación Cultural Selk’nam Hach Saye, una instalación que también da cuenta de una década de cooperación ecocultural y de un proceso de investigación y cocreación, que verá la luz en su amplitud en abril, en el marco de la 59ª Exposición Internacional de Arte de la Bienal de Venecia.

“Honrar la vitalidad y la continuidad de los ecosistemas de la Tierra del Fuego es lo que nos une”, explica Camila Marambio, fundadora de Ensayos, programa de investigación nómada con foco en temas ecológicos, y también curadora de Turba Tol, refiriéndose con eso al “sustrato psicoemocional que va levantando este trabajo”, y que opera como brújula para el diálogo y la creación conjunta entre los equipos de estas organizaciones aliadas.

La degradación de las turberas implica la liberación masiva de gases efecto invernadero a la atmósfera © Benjamín Echazarreta.

Tesoros bajo tierra 

Pero para ir hacia el fondo de las turberas, hace falta conocerlas. Y si bien se trata de ecosistemas extremadamente relevantes a la hora de enfrentar la crisis climática a nivel planetario, son muy poco conocidas, particularmente, porque gran parte de ellas está enterrada bajo tierra. 

En el mundo, la mayor cantidad de humedales de turberas está en el hemisferio norte y una pequeña fracción en América del Sur, estos último representan aproximadamente el 11% de los reservorios de turba mundiales y su potencial de almacenamiento de carbono es enorme, pues se distribuyen en áreas con baja huella humana, como es el caso de la Patagonia. 

“Las turberas son humedales. Son el epicentro, el big bang de la biodiversidad. Son muy importantes para las poblaciones humanas, porque es allí donde se concentra la mayor cantidad de agua dulce del mundo. Y si bien cubren una pequeña fracción del territorio, tienen gigantescas concentraciones de carbono almacenado”, explica con énfasis Bárbara Saavedra, Doctora en Ecología y Biología Evolutiva, y directora de WCS Chile, organización internacional de conservación de la vida silvestre y de sus hábitats naturales, en la cual lidera el proyecto de conservación Karukinka en la Isla Grande de Tierra del Fuego.

Antes de la llegada de los colonizadores, los Selk’nam habitaron Tierra del Fuego y convivieron con las turberas en su territorio ancestral durante más de 8.000 años © Ricardo Gallo.

Según da cuenta la Memoria del Seminario Binacional de Turberas de Patagonia, realizado en 2021, las turberas patagónicas chilenas contienen aproximadamente 4.800 millones de toneladas de carbono acumuladas durante 18.000 años, lo que representa 4,7 veces más carbono que la biomasa aérea de los bosques de todo el país. En tanto, las turberas argentinas complementan y amplían estas cifras, especialmente en Tierra de Fuego, que según el conocimiento existente alberga el 95% de las turberas del país hermano y se concentran en el lado oriental de la isla. En Chile, las turberas se distribuyen entre la Región de la Araucanía y la Región de Magallanes y Antártica Chilena, abarcando cerca de 10.000 km2, equivalente al 1,4% de la superficie total del país.

“Como Selk’nam, tengo claro que las turberas guardan ancestros. La turbera es una especie de cementerio. No es algo surrealista el que nuestros ancestros estén ahí, ese lugar existe. Por eso para nosotros es importante conservarlas y que no las extraigan, que no se quemen, que no se sequen.”

Actualmente, las principales amenazas para las turberas están en la explotación minera de la turba, sustancia que está en el subsuelo de las turberas; la presencia de especies exóticas invasoras, como el castor; la extracción de vegetación y el drenaje para la construcción de carreteras, entre otras.  

“Nosotros como sociedad somos parte de la naturaleza, estamos embebidos en ella. Cuando hablamos de la degradación de la naturaleza, también se degrada la sociedad. ¿Y cómo se manifiesta esa degradación?, con algunos de los problemas que hoy tenemos, como el cambio climático”, explica Bárbara Saavedra. Y agrega: “Hablar de degradación de las turberas, es hablar de los jinetes del Apocalipsis”. 

Los humedales de turbera en el Parque Karukinka presentan un estado de salud bastante extraordinario, respecto a las turberas del mundo © Benjamín Echazarreta.

Valor ancestral de las turberas

En el proceso orgánico de encuentro, investigación y creación entre las integrantes de Ensayos, WCS y la Fundación Hach Saye, organización familiar preocupada del resguardo, desarrollo y fomento de la cultura Selk’nam y su territorio, hubo un suceso clave: un viaje. La familia de Hema’ny Molina, fundadora de Hach Saye, viajó a Karukina, como un acto reivindicativo y un gesto simbólico, cargado de realidad. 

“Fue mágico. Me abrió las fronteras para entender que las turberas son mis ancestros y también son vida para el futuro”, recuerda Fernanda Olivares, hija de Hema’ny Molina y Presidenta de la Fundación Hach Saye, quien pisó el Parque Karukinka por primera vez en enero de este año. 

Los Selk’nam habitaron libremente Tierra del Fuego y convivieron con las turberas en su territorio ancestral durante 8.000 años antes de la llegada de los colonizadores que propiciaron su genocidio.

“Yo, como Selk’nam, tengo claro que las turberas guardan ancestros. Si excavan, seguramente encontrarán momias. La turbera es una especie de cementerio. No es algo surrealista el que nuestros ancestros estén ahí, ese lugar existe. Por eso para nosotros es importante conservarlas y que no las extraigan, que no se quemen, que no se sequen”, dice, recordando con pesar el incendio que aún afecta a Tierra del Fuego, que demostró que las amenazas advertidas por los estudios de conservación son reales y devastadoras. 

“Los expertos decían que las turberas frenaban el incendio, que gracias a ellas no se extendía. Pero estamos en etapa de anidación, hay pajaritos, hay huevos, polluelos, chulenguitos y guanacos, que son los más desorientados. Hay vida muy joven que quizá no arrancó. Por los bordes no avistaron fauna herida, pero aún no sabemos. Fue horrible ver cómo el fuego entraba por las raíces, el tronco se veía impecable, pero luego explotaban las copas. Los bosques son ancestros, toda la isla son ancestros, historia y sentimiento”, lamenta Fernanda Olivares.

El equipo detrás de Turba Tol busca complejizar la realidad e introducir preguntas desde la esfera ecoestética para aportar con la obra como herramienta de conservación de las Turberas de la Patagonia © Gentileza de WCS.

 

La fundación Hach Saye busca reencontrarse con su cultura y promover el desarrollo de personas desde la pertinencia indígena, suscitando la sensibilización hacia la situación del pueblo Selk’nam del siglo XXI. También trabajan para que su pueblo sea integrado en la Ley indígena y reconocido como cultura y lengua viva.

 Ha sido difícil, aún no logramos derribar el mito de la extinción. Todavía sigue siendo como ir con un machete entrando a una selva de prejuicios y opiniones”, cuenta Fernanda Olivares, quien observa en Turba Tol, una oportunidad para que las personas de todo el mundo lleguen a conectar con su cultura ancestral, a través de la vinculación con las turberas: “Vamos a mostrar tantos aspectos de la turba en la Bienal de Venecia, que me gustaría que la gente se conecte con ellas realmente. Y también me gustaría expandir la necesidad de cuidarlas alrededor del planeta, porque sabemos que hay otras turberas que aún han sido más explotadas que acá. Por eso quiero crear la necesidad global de su cuidado”.

Ruta en Venecia 

Turba Tol cobrará vida en el pabellón de Chile en la Bienal de Venecia, como una exposición que propone una experiencia inmersiva enraizada en el universo material y ancestral de las turberas patagónicas, a través de una instalación multisensorial y un experimento científico.

Estamos creando una nave al corazón de la turbera, diseñando una estructura apoyada por una instalación orgánica. Habrá una gran cantidad de musgo en el pabellón, una experiencia que integra olor, sonido e imagen. Habrá materia viva, que respira y que requiere que recolectemos agua lluvia, que trabajemos con las aguas del pabellón”, detalla Camila Marambio. La curadora relata, que, en esencia, se trata de una invitación a encontrarse con la sensualidad de las turberas, y que no es el objetivo mostrar Tierra del Fuego, sino más bien se trata de sentir el territorio. En específico, conectar a las personas con el corazón de las turberas.  “Queremos ser vectores de transmisión de esa sensualidad y transmitir el amor que nos produce este ecosistema”, agrega. 

Turba Tol pretende plantear el tema globalmente en la Bienal de Venecia, pero luego busca retornar a la Región de Magallanes y de la Antártica Chilena para potenciar la conversación local © Benjamin Echazarreta.

 

Turba Tol replantea el papel del arte, creando comunidades crecientes orientadas a la conservación y acciones ambientales coherentes, asumiendo que la conservación de las turberas está intrínsecamente ligada al bienestar futuro de la humanidad, y en la Patagonia, al renacimiento del pueblo Selk’nam. 

“El trabajo compartido con el programa Ensayos nos ha permitido visionar, entender y expandir nuestra manera de mejorar el trabajo de conservación. Pudimos ver lo que nunca habíamos visto: el mundo Selk`nam que está en Chile y que permanecía invisible para nosotros. Es muy potente el trabajo transdisciplinario, hecho en equidad. No desde la jerarquía de la ciencia, que mira hacia abajo. Esta experiencia es un ejemplo extraordinario -de cómo nosotros como país- tenemos que entregarnos a co-construir un futuro compartido, desde todas nuestras diferencias y con todas las dificultades. Y en ese sentido, el mundo Selk´nam, que ha permanecido marginalizado, invisibilizado, ninguneado, subfinanciado, maltratado, que ha recorrido un duro camino hasta hoy; guardando las diferencias, es muy parecido al camino de la conservación de la biodiversidad, que ha sido despreciado por una mirada hegemónica de la sociedad.” Bárbara Saavedra, directora de WCS Chile.

Turba Tol también reúne a un equipo multidisciplinario de creativos chilenos: Ariel Bustamante, artista cuyo trabajo se centra en conversaciones transhumanas y prácticas de escucha andinas; Carla Macchiavello, historiadora del arte y educadora cuya investigación aborda prácticas artísticas latinoamericanas contemporáneas vinculadas a la ecología y el cambio social; Dominga Sotomayor, cineasta y académica, y Alfredo Thiermann, arquitecto cuyo trabajo multisensorial explora la relación entre los espacios construidos y la historia.

En tanto, en el momento de la presentación al público, las encargadas de guiar la experiencia, serán, la misma Fernanda Molina, quien además oficia de asesora de contenidos del pabellón, y la artista Isabel Torres, quien explica que el intercambio se realizará entretejiendo idiomas: selk´nam, castellano, italiano e inglés. “Así como tenemos la humildad para comprender que no todo es mudable –por eso es muy ínfimo sensorialmente lo que podemos hacer para responder a la pregunta: ¿cómo siente una turbera?,- también creemos que no todo es traducible en un solo idioma”. Para Torres es clave en el proceso de compartir la experiencia, comprender las turberas como un cuerpo vivo, como el pueblo Selk’nam.

Turba Tol es un proyecto transdisciplinario de co-construcción que desafía la mirada hegemónica, integrando saberes diversos en equidad © Gentileza de WCS. 

Y agrega: “¿Cómo se echa algo de menos, si no sabes que existe, si no lo conoces?”, se pregunta. “¿Acaso será una forma de proteger algo, dándolo a conocer? Desde las artes, nos ponemos al servicio de la conservación”. Más que inventar estímulos, en un tiempo de sobre estimulación, nos interesa un cambio de paradigma. Todavía no hay que hablar en pasado de las turberas, como es el caso de ya varios otros sistemas, a causa del extractivismo”. 

Conoce más detalles sobre Turba Tol aquí.

Imagen de portada: Turberas patagónicas en Parque Karukina © Paula López.

Bernardo Oyarzún: el arte como mensajero

Bernardo Oyarzún (1963) es un artista visual nacido en Santiago de Chile. Ingresó a estudiar en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile en 1982, de donde se graduó con mención en grabado en 1986, y pintura en 1988. Su actividad artística está vinculada al contexto popular y los espacios marginales. Su obra […]

Bernardo Oyarzún (1963) es un artista visual nacido en Santiago de Chile. Ingresó a estudiar en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile en 1982, de donde se graduó con mención en grabado en 1986, y pintura en 1988. Su actividad artística está vinculada al contexto popular y los espacios marginales. Su obra se basa en lo minúsculo, lo pintoresco, lo folklórico, lo artesanal, lo misterioso, lo mitológico y lo indígena, aquello que se relaciona localmente. Bernardo ha realizado dieciocho exposiciones individuales tanto en Chile como en el extranjero, treinta exposiciones internacionales en las que se incluyen doce bienales de arte. Ha participado en seis residencias en Alemania, Chile, Colombia, Estados Unidos, Francia y Paraguay. Sus trabajos están publicados en más de cuarenta catálogos y libros de arte y su obra se encuentra en tres colecciones: DAROS Latinoamérica, BLANTON MUSEUM y Consejo de la Cultura de Chile, CNCA.

Su trabajo más reciente es Werken, una instalación en la bienal de Venecia de 2017, aclamada en los medios internacionales y que ahora llega a Chile este 2018. Werken es un trabajo colaborativo,  organizado desde la comunidad mapuche donde Bernardo participa, Kiñe Pu liwen, en Santiago. En esta entrevista, realizada unos minutos antes de la exposición de Bernardo en CityLab 2017, el artista nos relata el trasfondo de Werken y sus trabajos anteriores.

¿Cómo nace la obra Werkén?

Werkén nace por la invitación que me hace Ticio Escobar a participar en el concurso internacional para el envío chileno a la bienal de Venecia. Desde el principio trabajamos con los apellidos mapuche como idea principal, por lo que buscamos una iconografía que se relacionara  con cada apellido, pensando en el imaginario épico del pueblo mapuche, toda su historia de valentía y resiliencia. Desde ahí llegué a la máscara o kollong. La idea inicial era un kollong por cada apellido, es decir, cerca de 7.000. Ese número se empezó a reducir por temas de presupuesto y llegamos a la cifra de 1.500 máscaras. Después vino la instalación de los apellidos, que armamos en una línea de luces que corren por el perímetro de toda la sala con la patronimia mapuche. Así, al recorrer la sala donde instalamos la obra, va apareciendo la historia genealógica del pueblo mapuche, lo que ha sobrevivido.

Vista general de Werken en bienal de Venecia 2017.

¿Qué son los kollong?

El kollong es un personaje muy importante en las ceremonias mapuche, es un protector. Tiene varias funciones en el ritual, como proteger y ordenar, sus capacidades histriónicas las proyecta de forma muy diversa; a veces es una especie de bufón misterioso, pero también puede plantearse enérgico con la disciplina y el orden en el ritual, por ejemplo, pueden sacar a una persona que está contaminando la ceremonia. El mejor kollong es aquel que la comunidad no conoce y que nunca revela quién es. Los kollong son escasos, porque no cualquiera es un kollong, así como no cualquiera baila el Choike Purrun, no todos son un werken,  lawentuchefe, machi o lonko, son capacidades innatas o dadas por naturaleza, reveladas en el pewma (sueño). Se nace kolllong… porque es un personaje bastante acrobático y con grandes capacidades teatrales.

Detalle de las máscaras de Werken, Bienal de Venecia 2017.

El kollong me recuerda al K’usillus, el gracioso personaje del Urqu Fiesta de Juli, una ceremonia aymara, son personajes que representan un bufón que salta y chilla muy agudo, mientras merodea dando latigazos al suelo, el aire y el público, mientras los incas del sol y la luna luchan, en un ritual donde las personas se vuelven personajes…

Sí, eso es lo que pasa con el kollong, el principio notable de la performance,  hace del ritual algo muy atractivo, le da otro color. A mí me interesó por varias razones, no solamente porque significaba tener una forma representacional muy amplia de la cultura mapuche. De muchas formas, el kollong es un contenedor estético y místico, un componente cultural que me parece muy potente. Pienso que en el kollong está el Chemamull,  el misterio del tótem y un rigor estético  que se puede ver en el arte mapuche… estos rasgos rápidos, de abstracciones gruesas, me refiero con esto al tallado de la máscara y las esculturas.

Apellidos mapuche que circundan el perímetro de Werken.

¿Cómo se articula el título de la obra con esta propuesta de máscaras y apellidos?

Werken quiere decir mensajero en mapudungun, importante en este caso, pensando que vamos a Venecia con un envío, ver la obra como una especie de emisario. Para mí, sin embargo, lo más importante era lo que iba a suceder en Chile con esta instalación, con el rebote del mensaje, porque el imaginario sobre la cultura mapuche que tiene el chileno común y corriente, es absolutamente restringido. No tiene idea en realidad, no sabe nada de la cultura mapuche, solo lo que entregan los diarios y la televisión. Y lo único que entregan son casos policiales, donde hablan de violencia y criminalizan al pueblo mapuche.

En Europa la lectura era rápida, el público que vio la obra, comentaba “Es como que estuvieran diciendo en silencio ‘aquí estamos, existimos’. En los diarios entendían inmediatamente que tenía que ver con los otros, con esos otros que están absolutamente ocultos… entonces cuando uno veía esa lectura, pucha, vaya que fue acertado todo el ejercicio que se hizo, desde el título hasta los elementos que estaban involucrados, porque contenían la imagen de un pueblo que lograba amplificarse y se transformaba en una obra latinoamericana también, porque el problema que tienen los pueblos originarios es transversal, no es un problema de Chile, es un problema de toda Latinoamérica.

¿Y en tu familia hay algún werken? Tú mismo, con esta obra, reconoces algo de mensajero (werken) en ti?

No, esa parte es bien triste en mi familia. Es la historia de muchas familias chilenas que olvidan su origen mapuche por los procesos de “normalización” que realizó el Estado chileno. Mi familia se perdió en el constructo de anamorfismo que llamamos Chile, perdimos la lengua y las costumbres. Mi familia, en la mezcla que comienza con mis abuelos, ya no es totalmente mapuche. Entonces ahora me encuentro en una especie de reconstrucción personal, y es lo que he estado haciendo hace más 20 años de trabajo donde me he enfocado mucho en este tema del origen, tratando de armar un poco este rompecabezas.

Territorio mapuche / Lección de Geografía: «AIWIN-Imágen de la Sombra», Trienal de Chile, Museo Ferroviario, Temuco, Chile 2009.

Entiendo que cuando eras chico nunca se habló de tu abuela mapuche o que había esa ascendencia presente en tu familia. Además, tienes apellido y nombre español. ¿Aparece algo de tu ascendencia mapuche en Werken?

Sí, aparece el apellido de mi abuela materna, que es Nail. Ese es un tema complicado, porque la desconstrucción que se hace a nivel étnico y a nivel de apellidos, es muy fuerte, hay muchos mapuche que se cambiaron los apellidos, otros que los escribían de otra manera. Los sistemas de anulación fueron variados. Ahora estamos en un taller de metawe en Sótero del Río, en el hospital, y tenemos tres personas hablante mapuche en el taller y ellas cuentan que en su familia les prohibían que hablaran mapudungún, y muchos de sus familiares se cambiaron el apellido. Por lo tanto, cuando uno analiza el tema de la identidad mapuche respecto al apellido, no es algo tan real. La identidad no tiene tanta relación con el apellido mismo, sino con sentirse mapuche.

Con tu obra “Bajo sospecha” comienzas una serie de trabajos muy políticos…

“Bajo sospecha” se hizo hace 19 años, y es justamente el momento donde empiezo a trabajar este tema con fuerza. Ya había hecho otros ejercicios anteriores en los años 90, pero no tan relevantes como “Bajo sospecha”, donde retrataba el tema de la discriminación que hay por tu apariencia física, donde la policía proyecta la mirada de una sociedad completa, la chilena en este caso: racista, discriminatoria, clasista, etc.

Bajo Sospecha, retrato hablado en la exposición.

Yo iba caminando por una  calle en Santiago, me detiene la policía y me llevan a un recinto policial. La policía me detuvo por sospecha, porque pensaban que era un delincuente que había robado. Me interrogan frente a testigos, todo un proceso que fui sorteando pasivamente, que en el momento no me di cuenta del drama y sus consecuencias, hasta que después cayó sobre mí una crisis de miedo… de pánico, de impotencia, estuve con terapia psicológica y en paralelo hice “Bajo sospecha”, donde armo la ficción de un delincuente con su parentela, es decir yo y mis parientes.

Bajo Sospecha, por Bernardo Oyarzún.

Buscaba representar un espejo de la familia chilena; reflejé al chileno que trata de travestirse étnicamente. “Bajo sospecha” instala el problema de la sociedad chilena, tan alejada de sus orígenes y tan revestida con historias ajenas e ideologías controladoras. El año siguiente 1999 en “Photo album”, ironizo sobre como el chileno habla y busca con vehemencia el abuelo italiano, inglés, español y se olvida de sus ancestros mapuche. En la obra yo reconocí mi ascendencia huilliche, e inmediatamente se me calificó como un artista mapuche; una especie de camino corto y mediático para evitar entrar en temas de fondo y que básicamente no interesan, te definen como un artista mapuche y parece que el tema se cierra, “él es diferente y por eso habla estos temas”.

Proyección de Photo Album.

En tu obra mezclas elementos populares y autobiográficos, ¿por qué escoges estos temas?

A mí me interesa mucho el contexto popular y mis orígenes porque veo ahí el motor creativo del arte, sobre todo en Latinoamérica, y cuando uno analiza ese motor creativo, el componente indígena es muy relevante, estamos hablando de la periferia de Santiago, que hoy día está lleno de comunidades mapuche. Y además, la periferia tiene un componente de mixtura y sincretismo, gente que llega del norte y del sur, sin contar por ahora todo lo que suma la inmigración, se combina todo ahí, se mezcla y nace la cultura popular, que para mí  tal vez es lo más importante del arte.

Ekeko: exposición Space to Dream, Recent Art from South America 2016.

¿Esas comunidades mapuche urbanas se han instaurado recientemente?

Llevan como 20 años de desarrollo o más, hoy día ya están absolutamente instaladas, he contado una veintena, pero sé que hay más, y eso significa comunidades organizadas, que hacen rituales; ngillatunes, lakutung, lepun, wiñoltripantu, entre otras ceremonias.

¿Cuál sería la relación entre estas comunidades urbanas y “Photo álbum”?

En Photo album cuento la historia de gran parte de estas comunidades urbanas a través de mi familia: campesinos que llegan del sur, se instalan en Cerro Navia, donde vivimos una vida de población y una niñez enriquecida por el barrio popular, calles polvorientas en verano y con barro en el invierno, gente que tenía sus casitas de madera y autoconstrucción que se fue levantando en el tiempo, décadas, hasta que la gente llega a tener su casa un poquito más arreglada, en ese contexto me crié. Para mí era muy rico en varios sentidos, por ejemplo la forma como se jugaba y vivía. Todo esto es  Photo album, una historia marginal, absolutamente periférica, pero a su vez rica culturalmente, porque mis padres siguieron manteniendo sus costumbres campesinas, había un huerto en el patio de mi casa, gallinas, y otros vecinos también por otro lado hacían lo mismo, recuerdo hornos de barro que producían pan amasado increíble, era un mundo que se resistía aún un poco a la metrópolis.

Fotografía de la familia de Bernardo en Cerro Navia, para la exposición Photo Album. El niño más grande es Bernardo, junto a sus hermanos y primos.

¿Te identificas como artista mapuche?

En mi fuero íntimo me siento mapuche, pero un mapuche ignorante, que está aprendiendo. Cada vez que voy a una ceremonia o ritual, sigo aprendiendo cosas nuevas. Sé que la gran ignorancia y dejarnos embaucar es lo que nos ha hecho el daño profundo en nuestra identidad, es un problema grande. Chile tiene un problema de negación, mientras no supere eso…

¿Qué negación?

La negación a nuestra genealogía, nuestra ascendencia, es una negación a lo que somos y nuestra historia. Chile está sometido a la colonización etnocéntrica, tal vez es el lugar más negado y travestido con una inducción ideológica que nos hace creer que somos muy especiales y diferentes  al resto de América Latina. Falta darnos cuenta de nuestra propia belleza, todo lo que  estamos perdiendo al dejar desplazado el constructo cultural impresionante de la cosmogonía mapuche y de los otros pueblos que viven en este espacio. Podríamos ser un país mucho más rico culturalmente si asumiéramos valores que hay ahí, como una forma de organización más horizontal, sin grandes jerarquías y menos antropocentrista. Esta cosmogonía es similar a la muchos otros pueblos originarios de América, el amor por lo que nos rodea y nos acompaña, respeto a la diferencia, y sentir toda la naturaleza como un ser vivo, pero aún estamos lejos de eso.