El pasado 14 de octubre se inauguró en el Centro Cultural Palacio la Moneda (para reservas: cclm.cl) la exposición “Naturaleza Expandida: visibilizar lo invisible” curada por Carlo Rizzo y Maya Errázuriz, resultado de una investigación que reúne a artistas de múltiples disciplinas para repensar la vinculación del ser humano con el patrimonio natural. Uno de […]

El pasado 14 de octubre se inauguró en el Centro Cultural Palacio la Moneda (para reservas: cclm.cl) la exposición “Naturaleza Expandida: visibilizar lo invisible” curada por Carlo Rizzo y Maya Errázuriz, resultado de una investigación que reúne a artistas de múltiples disciplinas para repensar la vinculación del ser humano con el patrimonio natural.

Uno de los expositores es Gregorio Fontén, artista y poeta sonoro, quien con herramientas del Laboratorio del Eco estará presentando la pieza sonora “Dendrofonía Araucaria”. Sobre el trabajo de “sonificación” de araucarias en Bosque Pehuén conversó el artista con Endémico, como también de las interrogantes que surgen al enfrentar la producción estética y musical junto a la información biológica que se obtiene de las especies estudiadas. “Con la sonificación busco devolverle el misterio a esos datos científicos”, revela el artista sobre su más reciente trabajo.

©Cortesía Gregorio Fontén

 

Endémico web: ¿Cómo nace tu motivación de crear paisajes sonoros a partir de un bosque de araucarias?

GF: Mi trabajo nace de la “sonificación” de datos que obtengo de araucarias del Bosque Pehuén, un área de conservación de Fundación Mar Adentro, en la Araucanía andina. A partir de la información recopilada por científicos de araucarias sanas y enfermas de diferentes puntos del bosque, yo tomo esos datos y los programo en Max/MSP para transformar esa información a diversos elementos musicales.

¿Cómo se conecta tu trabajo con la poesía experimental con el arte sonoro?

La poesía me interesa como búsqueda de la extensión del lenguaje. He estado muy involucrado con grupos de poesía experimental, que desde allí exploran los límites del lenguaje. El arte sonoro, por su parte, ha contribuido a un trabajo más especulativo y conceptual, pero lo que integra estas disciplinas ha sido la transducción de energía, el traslado de un lenguaje a otro, como puede ser traspasar una canción a un paisaje o un dato científico a una emoción musical.

¿Podrías explicarnos en qué consiste específicamente el trabajo de sonificación?

La sonificación es un sistema donde yo programo la forma en que ciertos datos científicos van a generar una música a partir de instrucciones programadas que el computador luego ejecuta. La gracia de este proceso es que al ingresar los datos – en este caso de las araucarias – obtienes un modelo que es capaz de producir comportamientos musicales. Así, cada coordenada científica puede manifestarse con criterios rítmicos, armónicos, melódicos, también efectos como ecos que crean el ambiente sonoro de la araucaria. En ese sentido, la sonificación de datos opera de manera similar a un ser vivo. Como un árbol, que si bien siempre es el mismo individuo, puede comportarse de formas diversas. El dato guarda ese mismo comportamiento, en el sentido que cada dato recibido por el computador se va a desplegar de igual forma en el programa, pero la información recibida puede generar variaciones.

Se trata, a fin de cuentas, de devolverle el misterio a los datos, de conectar el fenómeno de la aritmética o la estadística con su dimensión afectiva. Lo que busco con la sonificación es, más que pensar el dato como una extracción objetiva, enfatizar la fascinación por el fenómeno, para devolverle el misterio al curso original de la búsqueda científica.

Araucaria en Bosque Pehuén. Imagen producida con scanner LiDAR (Laser Imaging Detection) 2020
©Cortesía de Fundación Mar Adentro

¿Cómo dialoga tu trabajo artístico con la investigación científica?

Llevo mucho tiempo trabajando con algoritmos generativos para crear pasiajes sonoros, audiovisuales y musicales. Mi primera aproximación parte con el «Songscape» que es un sistema de escucha computacional y que entrelaza los sonidos de un cantautor y el paisaje que los rodea. Mi primera colaboración con científicos es “Random is not whatever” (2013), realicé con el biólogo Carlos Carmona-Fontaine y que fue una investigación en torno a células macrófagas para analizar cómo se comportan, coordinan y migran en grupo. Para eso, aprovechamos el modelo de inteligencia de esas células para generar un modelo de comportamiento para la toma de decisiones musicales. De ahí en adelante, he colaborado con diversos investigadores y científicos para obtener ese dato científico concreto y trabajarlo con fines artísticos.

A lo largo del tiempo, el diálogo con la ciencia se ha vuelto muy interesante, en la medida que he podido darme cuenta de que es posible no sólo divulgar información científica de una forma novedosa y atractiva sino que afectar a la ciencia misma. Puede ser ambicioso, pero a largo plazo con el equipo de Random is not Whatever esperamos que la sonificación artística pueda ayudar a la ciencia a leer los datos de una manera especulativa que quizá ayude a expandir horizontes.

¿Y en el caso de las araucarias de bosque Pehuén presentes en la muestra “Naturaleza expandida”?

En ese caso, la investigación científica buscaba averiguar por qué se están muriendo las araucarias en los bosques de la Araucanía andina. Para eso, se hizo un escaneo donde se midieron ciertos puntos del árbol como su densidad, posiciones, y así evaluar el estado de salud o enfermedad.

El trabajo conjunto con los científicos fue esencial para dar con los rangos de datos que trabajé en la música. Un dato científico puede ser millones de datos con un rango numérico que posteriormente se normaliza. Es decir, se traduce el dato a un rango más humano, se simplifica sin alterar su estructura para que se pueda establecer un diálogo con los elementos musicales. En la medida en que el científico normaliza el dato, yo puedo entrar a jugar y aplicar ciertos criterios musicales. Entonces se transforma en un trabajo de fantasía. Por que no existe la traducción directa de un dato biológico a un dato musical. Para lograr eso, es necesario acudir a la imaginación. Sonificar, entonces, consiste en abrir el dato a elementos que si bien tienen que ver con el interés científico, lo conectan con un misterio. Ya no se trata únicamente del contenido que entrega el dato, también es la capacidad de asombro que esa información pueda generar.

Para realizar este trabajo cuento con la biblioteca algorítmica del Laboratorio del Eco que es fruto de muchos años de trabajo y que me permite tanto desarrollar mis proyectos artísticos como producir experiencias generativas e inmersivas para museos y eventos.

Has trabajado con araucarias sanas y enfermas, y actualmente desarrollas proyectos que involucran quiebres sociales, como el trabajo con datos de daños oculares en conjunto a Dr. Pablo Cox Vial (Prof. Asociado Universidad de Valparaiso, Centro de Neurología Traslacional) ¿Cómo enfrentas el trabajo de sonificar una herida que puede ser tanto de una especie vegetal (como una araucaria) pero que también puede trasladarse al ámbito de una herida humana y social?

Hoy estamos cuestionando el modelo de la lógica ilustrada para comenzar a navegar la realidad como un continuo de interacciones, en el que aparecemos y desaparecemos como un tejido de agencias. Entonces, el cuerpo/mente en vez de ser un individuo unitario, autónomo, esencial, es un campo por el que transitan diferentes agencias, donde caben enfermedades, alimentos, pensamientos, palabras y heridas. Un tránsito de energías que desestabiliza lo estático para configurarnos como una interacción de consciencias y materias.

En mi trabajo intento explorar esta aparición/desaparición de la realidad material dada y la especulación de materialidades posibles. Creo en la necesidad política de esto porque nos hace centrarnos en el entremedio. El presente sólo se da a través del entremedio y mucho discurso político se construye sobre rechazarlo, forzarlo a su ideal.

Sin embargo el entremedio siempre sobrevive e impide que en ningún presente se pueda dar el pasado como concluido y el futuro como aún no presente. Por eso me interesan los ecos. Un eco es un viaje en el tiempo, es el presente de un sonido pasado y en ese gesto afecta su futuro.

Si habitamos el entremedio, en donde cada cual manifiesta su propia realidad y los puentes que establecemos entre una realidad y otra se dan sólo a través de la empatía que sentimos unos con otros. Se dan sólo a través de la afinación que podemos sentir en nuestra manera de vibrar.

Entonces no compartimos significados autónomos, no compartimos ideas sino que compartimos la vibración, las frecuencias, el ambiente resonante que generamos con nuestras ideas y acciones.

En noviembre junto a un equipo de artistas sonoros y visuales estaremos presentando la obra «Ecos Migratorios» para Puerto de Ideas en Valparaíso y que nace de querer sentir y manifestar este campo vibracional que es el entremedio de energías y materias. Es por esto también que decidí hacer el proyecto en que los datos de análisis científico de las heridas producto de la brutalidad policial fracturan diferentes voces que dicen algunas frases del estallido social. Quisiera que se entienda la política no como la lucha de ideas, sino de cómo impactan, cómo vibran las ideas y que este vibrar es inseparable de los ecos y fracturas que producen.

¿Qué es lo que vamos a ver en la exposición “Naturaleza Expandida” que presentarás con Laboratorio del Eco?

En la exhibición vamos a encontrar un relato sonoro de una araucaria del Bosque Pehuén. Es una sonificación bien emotiva, con música minimalista y ambiental. Algo así como un pequeño viaje al interior del tronco de una araucaria. Lo concibo como música generativa, no digital, una partitura que – esperamos- pueda ser interpretada por músicos en vivo. Es lo que queremos hacer como presentación de la obra cuando la situación sanitaria lo pemita. Llevar esta música al mismo bosque para presentar “in situ” la iteración de una araucaria junto a un video 3D de la renderización transmitida en un “loop”.

De alguna forma, será también devolverle al bosque su sonoridad.

Para saber más sobre el trabajo de Gregorio Fontén y Laboratorio del Eco

www.gregoriofonten.xyz

www.laboratoriodeleco.com

Araucaria en Bosque Pehuén. Imagen producida con scanner LiDAR (Laser Imaging Detection) 2020
©Cortesía de Fundación Mar Adentro

El arte sensorial de Mark IJzerman

Valley of the Possible es un refugio ubicado en el valle Cañón del Blanco (región de la Araucanía) que ofrece un espacio a artistas, científicos, y pensadores creativos a re-conectar con la naturaleza y con los habitantes del territorio, mientras investigan y desarrollan obras artísticas. A través de convocatorias abiertas para residencias y programas curatoriales, el […]

Valley of the Possible es un refugio ubicado en el valle Cañón del Blanco (región de la Araucanía) que ofrece un espacio a artistas, científicos, y pensadores creativos a re-conectar con la naturaleza y con los habitantes del territorio, mientras investigan y desarrollan obras artísticas. A través de convocatorias abiertas para residencias y programas curatoriales, el proyecto busca fomentar el intercambio inter-hemisférico y promover la formulación de nuevas perspectivas entre el ser humano y el resto de mundo natural. El primer programa, en su versión piloto, se realizó entre el 26 de abril y el 26 de mayo y contó con la participación de seis artistas de diferentes países, formaciones, disciplinas y experiencias.

Dentro de los participantes de esta versión piloto, se encontró el holandés Mark IJzerman, artista sonoro, compositor musical, intérprete y educador.  Su trabajo consiste en hacer instalaciones y proyectos audiovisuales que exploran la percepción humana y la interconexión de los sentidos, trabajando principalmente con el sonido. Conversamos con él posterior a su residencia en Valley of the Possible. 

¿Cómo describirías tu trabajo?

Mi trabajo consiste en la creación de instalaciones y proyectos audiovisuales, ambos influenciados por mi experiencia con el sonido. En todas mis obras, la interacción entre el sonido y los otros sentidos es fundamental. Eso puede ser desde la influencia del sonido en lo visual, la relación entre el sonido y las sensaciones táctiles, la relación entre el sonido y el sabor, etc. En mis proyectos audiovisuales trabajo mucho de manera in situ con el sonido e imágenes. Recientemente he estado trabajando en nuevos proyectos que exploran cómo nos relacionamos a nuestra ecología y atmósfera, y cómo contrastan las visiones tecnocráticas con las más biofílicas.

¿De qué manera percibes la interconexión de los sentidos?

Cuando declaro que una de las cosas que mi trabajo explora es la interconexión de los sentidos, me refiero a que creo instalaciones experienciales o performance donde pienso en gran detalle sobre cómo las diversas experiencias sensoriales caben en una narrativa principal. Cuando creo una obra, un cierto sonido puede pasar a informar a un elemento visual en mi trabajo audiovisual, o en una instalación, un sonido puede estar basado en una experiencia táctil.

geysers
Los artistas Mark IJzerman y Sebastién Robert grabando sonido en los geysers.
© Unmapped Films, Valley of the Possible

¿Por qué el sonido es tan importante para poder interpretar nuestro ambiente?

El sonido nos rodea, y el simple hecho de que no podemos “apagar nuestros oídos” nos entrega muchas pistas sobre nuestro ambiente. Al mismo tiempo, este afecta nuestro bienestar sicológico mucho más de lo que pensaríamos.

Una de las cosas que he pensado durante los últimos años es cómo cambia la experiencia del espacio público al usar audífonos, y cómo los demás se relacionan contigo. Cuando uso mis audífonos en la calle me pregunto “por qué me estoy cerrando a mis alrededores?”. Esto puede ser debido a mi estado sicológico, por ejemplo. Entonces ¿será un efecto del sonido y ruido de la ciudad que me rodea? Si fuese el caso, me gustaría poder encontrar una manera para hacer que el sonido de la vida cotidiana (del espacio público) suene mejor.

Al ignorar nuestro entorno al ponernos los audífonos, no solo nos excluimos de participar en el espacio público, también evitamos algunos problemas. Para mí, la distopía sonora consistiría en un mundo donde todos están abstraídos del mundo exterior, oídos cubiertos con audífonos. Si todos podemos decidir lo que escuchamos a nivel individual, no existe entonces un incentivo para crear, colectivamente, un mundo con mejor sonido.

Time shift
Time Shift (2017) © Mark IJzerman

¿Quién ha inspirado tu trabajo en ecología acústica? ¿Estás familiarizado con el trabajo de Bernie Krause?

Definitivamente conozco el trabajo de Bernie Krause. Él ha sido una enorme influencia para mí, especialmente cuando trabajé en Time Shift, un audio- fotolibro que documenta la ecología acústica en el sur de Korea. 

La mayoría de los proyectos de mapeo territorial son primero visuales y luego sonoros, y creo que es una excelente idea hacer que el sonido sea un componente importante en cómo “mapeamos” las zonas. Si miras el trabajo de Murray Schafer sobre el mapeo del sonido en una zona durante un año, te da una idea de una escala de tiempo más larga, y esto puede ayudar muchísimo hoy en día donde estamos obligados a pensar en la emergencia climática.

© Murray Schafer, Diagrama del paisaje sonoro de la costa oeste de British Columbia, del trabajo The Soundscape (1977).

¿Qué es lo que te llamó la atención de participar en Valley of the Possible? ¿Qué te gustaría lograr?

He estado trabajando en un proyecto audiovisual que utiliza imágenes satelitales. Estas nos permiten visualizar períodos largos de tiempo, por tanto nos ayudan a contar la historia de un lugar. Fue esto lo que me llamó la atención de este formato.

Los astronautas hablan muy seguido del “efecto overview”, esta sensación que tienen al mirar el planeta en su totalidad, como un gran organismo vivo. Creo que al mirar cómo cambia el planeta en el tiempo utilizando imágenes satelitales puede tener un efecto similar: los actos de destrucción y construcción se me hacen muy visibles en el tiempo.

Al momento de recibir la invitación, ya había estado experimentando con este tipo de imágenes durante meses, mirando distintos ejemplos de ecocidio. Luego comencé a leer sobre la región de la Araucanía, donde me llamó la atención el reemplazo del bosque nativo por el monocultivo de pino y eucaliptus, y los actos de recuperación de tierras por parte del pueblo Mapuche. Quería mostrar esto desde arriba utilizando imágenes satelitales, y también desde abajo al recopilar material visual a través de la fotografía y también a través de simbolismo Mapuches. De allí nace el nombre conceptual As Above, So Below, pero el trabajo mismo llevará otro título.

Con el proyecto As Above, So Below Mark utiliza imágenes satelitales para contar una historia sobre las plantaciones y áreas deforestadas en la Araucanía a través de un performance. © Agencia Espacial Europea, Mark IJzerman.

¿Cómo tu experiencia en la Araucanía ha afectado tu tesis inicial sobre plantaciones de monocultivo y su impacto en las comunidades indígenas?

Cuando llegué a la Araucanía a penas noté las plantaciones de eucaliptus y pino. No fue hasta estar allí más tiempo, viviendo y trabajando en el Cañón del Blanco (cerca de Caraucatín) que comencé a notar plantaciones gigantes y zonas deforestadas. Esta comunidad que me rodeaba era un mundo en sí mismo. Existían parches y pequeñas plantaciones que eran parte de esta comunidad, y así fue como  finamente pude verlo en contexto. Y ver estas plantaciones, en combinación con las conversaciones que tuve con los residentes locales, me llevó a pensar en este dualismo que existe entre las plantaciones y de poder tener el lujo de preservar la biodiversidad local.

Los mismos Mapuche piensan que todo es sagrado, ya que entienden que somos parte de la naturaleza.  Sin embargo, muchos de ellos forman parte de la sociedad capitalista, administrando sus propias plantaciones, aún cuando esto contradice su cosmología. Y fue así como el punto focal de mi trabajo giró en torno la fricción que se produce entre la ecología y la economía. Al contrastar la belleza de las milenarias araucarias con las plantaciones de eucaliptus, espero poder mostrar este dualismo.

Cuando comencé, pensé que podría armar mi proyecto utilizando principalmente imágenes satelitales. No fue hasta estar en el lugar donde me di cuenta que es necesario estar en un lugar especifico, necesitamos vivirlo y respirarlo para tener un sentimiento de lugar y poder decir algo al respecto. Solo mirar imágenes satelitales no es suficiente.

plantacion eucaliptos
© Unmapped Films, Mark IJzerman.

¿Cómo percibiste el paisaje sonoro de la región? ¿Lo has comparado a otras locaciones?

Lo que noté fue que no había mucho sonido, pero quizás tenía que ver con la estación del año. Realmente disfruté de la calma que había: estar en el Cañón y escuchar el sonido del agua, aunque estuviera lejos era casi inaudible.

Me encantó el poder grabar los geysers locales, ya que suenan como una enorme fuerza de la naturaleza. Estás parado frente a una pendiente que suena como un líquido, donde puedes escuchar el agua caliente y el vapor correr bajo tus pies. Es caliente, tiene un olor fuerte, y si pisas en el lugar equivocado puedes quemarte, y hasta ahogar. Te hace sentir pequeño e indefenso. Esto hizo que mi experiencia sonora de la Araucanía sea una de calma, con algunos puntos, literalmente “calientes”.

Suena totalmente distinto a lo que he grabado anteriormente. En muchos lugares donde he grabado, siempre se escuchaba la ciudad de fondo. Y si no estaba la ciudad, estaban los grillos. Aquí, sonaba principalmente el agua corriendo desde distintas montañas y volcanes, su sonido de ave ocasional y también sonidos de ganadería. Me encantaron los carpinteros de cabeza roja: su forma de picotear los árboles, utilizando el árbol como resonador, le dio un toque especial al pasaje sonoro.

¿Crees que las futuras generaciones van a poder escuchar la Tierra tal como es hoy? ¿Crees que podemos cambiar esta dirección?

Creo que la Tierra siempre va a sonar de manera diferente, entonces es una buena idea archivar los sonidos. En un rango de tiempo más largo, el sonido de la Tierra definitivamente puede desvanecer, aunque quizás no a corto plazo. En mi opinión, como seres humanos hemos demostrado dos cosas: podemos ser estúpidos pero también podemos innovar y podemos adaptarnos rápidamente. Creo que la humanidad vivirá un buen tiempo en la Tierra, aunque quizás no de esta manera: ya no estaremos a cargo. Archivar nuestras experiencias nos podrá revelar de qué manera hemos afectado nuestro entorno.

Mark grabando sonidos
Mark IJzerman grabando sonidos de geysers durante la residencia con Valley of the Possible. © Mark IJzerman.

El poder ubicar dónde se encuentra un objeto a través de un dispositivo digital, o la denominada geolocalización, ha sido cuna de un sin fin de programas que solventan los más variados problemas cotidianos. Sus usos más populares podrían ser las aplicaciones que desde un teléfono móvil permiten encontrar una dirección y manejar hacia un […]

El poder ubicar dónde se encuentra un objeto a través de un dispositivo digital, o la denominada geolocalización, ha sido cuna de un sin fin de programas que solventan los más variados problemas cotidianos. Sus usos más populares podrían ser las aplicaciones que desde un teléfono móvil permiten encontrar una dirección y manejar hacia un destino con instrucciones a lo largo del camino, o aquellas que ayudan a encontrar potenciales parejas en un radio cercano a tu propia ubicación. Sin embargo, es posible aplicar esta tecnología a conceptos mucho más ricos y complejos que conjugan un contenido cultural con el posicionamiento de información geográfica.

Tal es el caso de Audiomapa, un espacio donde gracias a una cartografía​ ​virtual colaborativa se puede acceder a sonidos de distintas localidades y topografías, resguardando así la sonoridad propia de cada lugar y compartiéndola gratuitamente con el resto del mundo. Esta iniciativa fue desarrollada por Fernando Godoy y el colectivo Tsonami, quienes a través de festivales y diversas actividades han dedicado su conocimiento y talento a una serie de proyectos sonoros que estimulan los sentidos y a su vez documentan cómo suenan ciudades, desiertos, árboles o ríos en distintas partes de América.

 

Fernando, tu trabajo explora una y otra vez el sonido y su espacio. ¿Qué motiva en ti esta búsqueda y su exposición en diversos medios y formatos?

Yo estudié ingeniería electrónica y luego licenciatura en música y siempre estuve muy vinculado a la música, pero con una curiosidad más experimental. Después, al estudiar de una manera más tradicional y conservadora, me dio más inquietud expandir más allá sus límites y me fui acercando a las prácticas contemporáneas con sonido. Empecé a trabajar con distintos tipos de formatos, instalaciones, performance, proyectos web e intervención con otra escala, a escala urbana, y por ahí ha ido mi investigación en los últimos años.

El 2007 empezamos, junto a un grupo de compañeros y profesores, el proyecto Tsonami, que apuntaba a salirse un poco de lo limitado de la academia y quisimos generar un espacio que intentara explorar más allá el sonido. Así partió Tsonami como un festival, y que con los años se ha conformado como un espacio que busca generar investigación y reflexión en torno a las prácticas artísticas con el sonido, y eso se expresa en distintos tipos de trabajos, con obras que pueden ocurrir en el espacio público, en lugares tradicionales, en casas, a nivel ciudad, etc. Desde el año 2012 comenzamos a generar actividades que generan continuidad durante el año, y aparecen nuevos proyectos como Audiomapa, la Revista de Arte Sonoro y Cultura Aural, la cual hace un nexo entre la investigación del sonido con otras disciplinas del conocimiento como la filosofía y la antropología, y también tenemos un sello que se llama Tsonami Records y la Radio Tsonami.

Todos estos proyectos tienen que ver con la sensibilización del entorno desde la audición, con el paisaje sonoro y sensibilizar y reflexionar sobre la escucha y cómo suena nuestro entorno. Hay algo consustancial del sonido con el espacio que tiene que ver con la experiencia ya que la escucha siempre ocurre en un lugar y esas locaciones y espacialidad van determinando cómo nos vinculamos con el fenómeno de la audición y me interesa mucho investigar esos cruces, cómo el sonido se vincula con un espacio, una arquitectura o con una geografía.

  Festival de Arte Sonoro Tsonami 2014.

Haz logrado registrar y exponer verdaderas librerías sonoras de distintas partes de Chile y América. ¿Cuál es la importancia de resguardar y compartir este archivo inmaterial?

Audiomapa nace porque no existía algo similar, no existía un archivo del paisaje sonoro chileno o latinoamericano, y también lo pensamos de inmediato como un archivo colaborativo, abierto para que cualquiera pudiera ser parte y colaborar. Su importancia va desde preservar la sonoridad de un territorio, saber cómo suena en un momento determinado y para después también comparar y saber cómo se ha ido modificando o mermando, como también documentar lugares que están en proceso de modificación o de posible cambio más brutal, como por ejemplo cuando fuimos a territorios donde habían riesgos de cambios ecológicos grandes, como​ ​Aysén, cuando no se sabía si iba a suceder HidroAysén o no. Estuvimos en el Baker haciendo registros,​ ​en Los Ñadis y en zonas de inundación, y fuimos a explorar esos lugares pensando que era probable que desaparecieran, y esos sonidos se pueden encontrar en Audiomapa.

Lo mismo hicimos en el norte, en el Valle de Lluta, porque estaban construyendo el proyecto minero Los Pumas y que también iba a modificar de manera importante el paisaje y la comunidad. Estos proyectos pueden preservar ecosistemas acústicos en desaparición o que tienen algún riesgo producto de la intervención humana. Además tiene un valor educativo, de hecho en los planes y programas del Ministerio de Educación en Música ya existe el concepto de Paisaje Sonoro, el cual los niños ven desde octavo básico, y estos proyectos perfectamente pueden aportar para esos fines.

Algunos registros son en lugares abandonados y olvidados. ¿Hay una suerte de rescate o reivindicación de su historia o patrimonio a través del sonido y la geolocalización?

Como posibilidad, totalmente, el sonido también es patrimonio y uno puede abordarlo desde esa perspectiva, pero también hay un interés de investigar el desierto como huella de la actividad que hubo en el pasado. Todos estos pueblos abandonados de la época del salitre, que son ruinas y ciudades fantasmas, quisimos experimentar e intentar acercarnos a estas ruinas pero desde la perspectiva del sonido. Nos encontramos con que estas ruinas de actividad humana están siendo activadas continuamente por fuerzas naturales, el viento y el sol, y producen un nuevo paisaje. Esta obra tenía un mapa real de la ruta que hicimos y habían 8 cajitas negras donde te podías enchufar y escuchar los registros que hicimos en cada uno de esos puntos.

¿Cuál crees que es el aporte social y/o artístico de la documentación sonora colaborativa?

Tiene múltiples dimensiones, tiene un aporte social porque es un archivo que preserva y permite conocer la sonoridad de otros lugares, pero también tiene una dimensión más artística. Cada persona elige grabar lo que le parece bueno preservar, asimismo puedes grabar algo pensando en hacer algo así como una fotografía de autor, o un paisaje de autor, y depende de la aproximación que hagas y tu objetivo, y eso es lo que se refleja en la pieza que decidas compartir. El Paisajismo Sonoro es como una disciplina en sí misma y hay artistas y sellos que se dedican a publicar sólo grabación de campo y paisaje sonoro. Al igual que en la fotografía, donde uno selecciona un encuadre o un color, uno hace una operación de composición, en lo sonoro funciona de manera muy similar, la gran diferencia es que la foto tiene instantaneidad y el sonido es tiempo.

Concierto de Ciudad 193hz

Otro ámbito colaborativo está presente en el Concierto de Ciudad. Cuéntanos un poco de la experiencia de hacer música con objetos propios e insertos en la ciudad acompañados de músicos creando al unísono y momentáneamente.

Lo que planteamos era intervenir el espacio urbano en una acción sonora de escala ciudad donde momentáneamente y por una hora se ejecuta una pieza diseñada previamente. Había una partitura que se interpretaba con la sirena de los buques, que en este caso es como el instrumento natural de la ciudad y que tiene una vinculación con la comunidad, como que los identifica porque dan un contexto territorial y por eso decidimos utilizar esta sonoridad de la ciudad como un instrumento. También se incorporaron algunos músicos en ciertas quebradas estratégicas y la idea era intervenir el paisaje sonoro de la ciudad con estas fuentes fijas pensadas como instrumentos. Esto tiene mucho que ver con el espacio y la geografía, porque Valparaíso es como un anfiteatro y por lo mismo los sonidos se meten en las quebradas, rebotan, hacen ecos y se produce un fenómeno que es muy particular y que tiene relación directa con su espacialidad urbana. El concierto en sí mismo iba todo el tiempo cambiando, en una quebrada podían desaparecer los buques y aparecer una campana y dependía mucho de la posición donde uno estuviera. Cada ciudadano escuchaba su fragmento.

El proceso de producción fue muy interesante, tuvimos que gestionar con ocho iglesias para contar con las campanas, por ejemplo, y habían músicos en las quebradas con instrumentos de viento, pero los que estaban a cargo de las campanas y los barcos no necesariamente eran músicos. Algunos participantes no tenían ningún tipo de formación musical. La idea era de alguna manera representar la complejidad de la ciudad en sus flujos, cómo la gente pasa, cruza, cómo la densidad va cambiando, los autos y todos esos comportamientos y buscamos generar una partitura que tuviera vinculación con eso. Por eso, a través de un modelo matemático y un algoritmo que simula estos comportamientos que ocurren en una ciudad creamos la partitura. Esos parámetros y temporalidades fueron acciones, como por ejemplo tocar la sirena de un barco, y aunque esto suena complejo en realidad cualquiera podía ejecutarlo.

Video Concierto de Ciudad. 

Phototropes

Este proyecto creaba una especie de microorganismo electrónico que habitó un árbol por más de un año. ¿Qué te inspiró para hacerlo y cuáles fueron los resultados?

Este proyecto tiene mucho que ver con lo ecológico, en cierta manera, porque básicamente lo que hice fue construir pequeños dispositivos que de algún modo te remiten a un insecto, por el sonido que emiten. Son similares a grillos, a ranas, y cuentan con un panel solar que les permite ser completamente autónomos. Se alimentan de la energía del sol y lo necesitan para poder activarse, son completamente ecológicos por así decirlo, y se sincronizan entonces con los ciclos del día y la noche y operan según la cantidad del sol que haya y van cambiando su comportamiento. Construí entonces una comunidad y se generó como una selva pero en un espacio muy reducido. Estar bajo el árbol era como estar en la selva, pero caminabas unos pasos y te salías. Y lo más interesante es que esta tecnología es ​open source​, la Robótica Beam, y el esquema básico lo saqué de internet y es una tecnología que pertenece a una comunidad que la comparte, es una tecnología libre y abierta.

En general estamos acostumbrados a que nuestra percepción se limite bastante a la vista, a lo que nos entra por los ojos, ¿crees que la posibilidad de viajar a lugares lejanos a través de la sonoridad o escuchar algo que en el cotidiano no escuchamos, puede agudizar nuestra percepción sensorial y dar nuevos matices a lo que nos rodea? Si es así, ¿en qué nos beneficia como individuos y sociedad?

Ese es uno de mis objetivos en todo lo que hago, siempre está la idea de que estamos en una cultura extremadamente visual y que la escucha siempre está como en un segundo plano, siendo que es muy relevante para nuestra manera de desenvolvernos en el espacio urbano y social. En todo esto siempre hay un esfuerzo de sensibilizar sobre la audición y sobre el sonido, y de alguna manera aportar en que exista algún tipo de conciencia auditiva. que la gente sea más perceptiva y receptiva al sentido de la escucha. Estoy seguro de que escuchar a los otros y a las manifestaciones naturales reporta un beneficio no sólo como individuo, ya que nos permite disfrutar cosas que antes no disfrutabamos, sino también como sociedad en el sentido de que te permite detenerte y hacer un ejercicio un poco más contemplativo que puede ser muy importante a la hora de relacionarse.

**Foto Portada: Proyecto Audiomapa.