Reflexiones para un movimiento regenerativo ecofeminista

Luego de años en proceso de germinación y crecimiento en campos agroecológicos, la escuela de pensamiento sistémico y el desarrollo del modelo de la economía circular, el concepto “Regeneración” y el paradigma Regenerativo, más en general, irrumpen en la agenda pública, siendo adoptados a ritmo feroz por empresas, políticas públicas, el marketing y la audiencia general.

Como Fundación Regenerativa vemos esto con esperanza -considerándolo un aporte en el proceso de concientización ciudadana en el camino hacia una cultura regenerativa – y a la vez, con algo de preocupación. Tenemos esperanza en un cambio económico, político, social y cultural que nos permita cambiar la dirección en nuestra depredación de la naturaleza, generando resiliencia climática y bienestar ecosocial; para ello es necesario esparcir estas ideas de manera masiva. Sin embargo, no podemos ser ingenuxs ante el riesgo de que este poderoso paradigma sea coartado por el mercado para un usufructo meramente consumista. Hemos visto cómo estos posicionamientos se hacen de manera vacía, sin cambios reales en las formas de producción y patrones de relacionamiento con la naturaleza y entre seres humanos. 

En este texto queremos hacer frente a quizás nuestro principal miedo: Que este proceso de adopción masiva del concepto “regeneración”, inspire planteamientos y acciones que fallen de raíz a lo que apuntamos como movimiento. La respuesta para canalizar este miedo nos ha impulsado a un proceso reflexivo sobre las bases profundas que sostienen al movimiento regenerativo, evidenciando sus fortalezas y brechas. Es desde este lugar donde hemos volcado la mirada a los planteamientos ecofeministas, reconociendo en ellos un valioso diagnóstico y posición crítica, cuya integración explícita a la mirada regenerativa puede aportar a su trascendencia e incidencia real en procesos de justicia ambiental.

Observar los cruces y distancias entre las ideas de los movimientos ecofeministas y regenerativos se asemejan a intentar desenmarañar una trenza firme. Diagnósticos, principios comunes y una visión de futuro afín, se muestran como líneas de pensamiento hermanas que parecen fluir en una misma dirección. Sin embargo, notar las distinciones y diferentes énfasis y aportes de cada corriente es relevante para robustecer un movimiento regenerativo que a ratos parece arriesgar repetir los patrones sistémicos de opresión que el ecofeminismo denuncia. Sin esta mirada, la “regeneración” se quedaría en una mirada reduccionista no logrando permear en los aspectos socioculturales, minimizando su enorme potencial revolucionario a meras soluciones técnicas de regeneración ambiental.

 Restauración de bosque nativo en Isla Mocha © Felipe Zanotti @zfilms.cl

Principios del movimiento regenerativo

Los principios del movimiento regenerativo se basan en la colaboración, el apoyo mutuo, la co-evolución de los seres y las interconexiones de la vida. Una idea clave es reconocer la capacidad “regenerativa” como una cualidad inherente del planeta y de los seres naturales, tanto desde una mirada celular, como en tejidos, individuos, comunidades y ecosistemas. Todo elemento de la naturaleza y forma de vida, incluyendo los seres humanos, son parte de  distintos ecosistemas. Construir comunidad significa entender y forjar nuestras relaciones con el suelo, flora, fauna, funga y todas las partes que conforman los ecosistemas, en vez de vernos diferentes o separadxs de ellxs. El movimiento regenerativo busca mostrar que el rol de los seres humanos en los ecosistemas no es controlar, apropiarse y explotar la naturaleza, sino, contribuir a, fomentar y ser parte de los ciclos que permiten la regeneración, la restauración y resiliencia natural del planeta. La visión ecológica y restaurativa del movimiento regenerativo propone una alternativa al modelo capitalista y extractivista, poniendo al centro la vida y el bienestar de todas, todos, todes y nuestros territorios.  La construcción de conocimiento regenerativo se reconoce como colaborativa, valorizando el conocimiento local, la observación de la naturaleza, el legado de lxs habitantes ancestrales del territorio junto a la información entregada por las ciencias, generando un paradigma nuevo en el cómo y por qué habitamos un territorio.  Es importante reconocer que gran parte de lo dicho también está en las bases del planteamiento ecofeminista, haciendo este último mayor hincapié en los paralelos entre la dominación de la naturaleza y de los cuerpos de mujeres y disidencias. Comprenderlos como planteamientos hermanos, con ciertas diferencias a nivel de acentos temáticos y derivaciones prácticas, ayuda a dilucidar formas de analizar ambos en búsqueda de un fortalecimiento mutuo.  

El movimiento regenerativo busca mostrar que el rol de los seres humanos en los ecosistemas no es controlar, apropiarse y explotar la naturaleza, sino contribuir a fomentar y ser parte de los ciclos que permiten la regeneración, la restauración y resiliencia natural del planeta

Lo regenerativo es un planteamiento profundo e inspirador, que deriva en acciones concretas, propositivas, con impactos positivos evidentes y visibles como lo son la regeneración de bosques, de suelos, de cuencas hidrográficas, el desarrollo de sistemas agroforestales que aportan a la seguridad alimentaria, el pastoreo holístico y un sinfín de otras aproximaciones con múltiples beneficios climáticos y sociales. En Chile hay ejemplos hermosos de proyectos regenerativos a distintas escalas, como los esfuerzos de Rewilding Chile en el parque Pumalín, la Ecoescuela El Manzano en Cabrero, el programa de Kümelko, o el programa de regeneración comunitaria que estamos desarrollando junto a la comunidad de Isla Mocha y tantos otros que han empezado a generarse desde las propias comunidades a lo largo del territorio. 

El ecosistema de isla Mocha se caracteriza por la presencia de un gran bosque nativo en el centro, sobre una cadena montañosa. Este conforma la Reserva Nacional Isla Mocha, donde interactúa una amplia y diversa red de especies de flora y fauna con un alto grado de endemismo. © Felipe Zanotti @zfilms.cl

Consideraciones ecofeministas para la acción regenerativa

Con todo esto, también es importante para nosotrxs reconocer que sin una actitud vigilante, desde el movimiento regenerativo mismo arriesgamos perpetuar las opresiones estructurales sistémicas de nuestras sociedades, que afectan desproporcionadamente a los grupos históricamente excluidos, incluyendo mujeres, disidencias, y comunidades indígenas y rurales, entre otros. Sin una mirada de enfoque de género interseccional y de justicia, el paradigma regenerativo se queda corto en su promesa de cambio sistémico radical. 

Es aquí dónde consideramos necesario recurrir a los planteamientos de los movimientos ecofeministas, particularmente vinculados a feminismos comunitarios y decoloniales, como guía para nutrir a un movimiento regenerativo que pueda trascender. Como punto de partida, a continuación destacamos tres aportes claves del ecofeminismo que consideramos que el movimiento regenerativo debe incorporar. 

Ilustración de Eloísa Silva
  1. Diagnóstico ecofeminista

Para la regeneración de nuestros territorios, vemos necesario asegurar un diagnóstico de nuestros sistemas interdependientes no solo desde la ecología, sino asegurar un análisis del territorio y sus entes, incorporando transversalmente aspectos socio-culturales, económicos y políticos. Aún cuando el movimiento regenerativo nos invita a reconectar con la certeza de que “somos naturaleza”, esto no implica pasar por alto las estructuras socioculturales de dominación en las que estamos inmersos. Generar y habitar culturas está en nuestra naturaleza humana, y por ello es importante visibilizar qué aspectos de ella son dañinos y degenerativos. Desde este punto de vista nos interesa el diagnóstico ecofeminista e interseccional, pues ofrece una reflexión directa y desarrollada sobre las estructuras opresivas en que estamos inmersos.

Los movimientos ecofeministas ponen al centro de su pensar el reconocimiento de que la opresión y explotación de la naturaleza nos ha llevado a la crisis climática presente. Lo anterior opera como un símil a la  opresión y explotación que históricamente han sufrido las mujeres y disidencias. Este sistema opresor está regido por un modelo económico capitalista, patriarcal y masculinizado, en el cual aspectos como el género, preferencia sexual, etnicidad, edad, habilidad y clase social, entre otros, determinan los valores de producción y reproducción. En ese  modelo, vemos cómo los roles de cuidado y reproducción social –mayoritariamente asignados a las mujeres– han sido, en gran parte, invisibilizados, desvalorizados y no remunerados. Lo opuesto ocurre con los roles de producción asignados a los hombres. Esto sigue siendo la realidad, particularmente para mujeres y disidencias con niveles inferiores de educación y pertenecientes a comunidades más excluidas. El ecofeminismo denuncia que para sostener este modelo económico, es esencial  el trabajo tradicionalmente realizado por las mujeres, como también la explotación de los recursos extraídos de la naturaleza.

  1. Invitación a la deconstrucción

Es necesario identificar y desmantelar los vicios socioculturales históricos que son parte central de la estructura que nos llevó a la crisis ecológica en la que estamos, en particular la colonización de las mujeres y de sus cuerpos, de los pueblos originarios y de sus tierras y la apropiación y explotación de la naturaleza. Esto comienza por reconocer nuestro rol y actuar como individuos en estos sistemas de opresión. Como sujetos parte de una sociedad, en nuestro actuar reproducimos de manera pasiva y activa paquetes culturales machistas, clasistas, edadistas, racistas y otras expresiones de dominación y ficción de superioridad. El ecofeminismo, y el feminismo más en general, nos entrega herramientas para admitir, visibilizar y recorrer el camino de la deconstrucción, esto es, reflexionar, buscar enfoques, información, metodologías y herramientas para procesos continuos de desaprendizaje y reparación.

  1. ¿Qué liderazgos fomentar?

Es en este mismo trabajo colectivo, donde el ecofeminismo hace énfasis en asegurar el liderazgo y la participación efectiva de los grupos que han sido socialmente e históricamente excluidos, particularmente las mujeres y disidencias, como también comunidades indígenas, rurales y gente joven, dando espacio y poder a otras visiones de vivir y convivir, que no necesariamente siguen modelos de “progreso occidental”. Hay una reconocida relación histórica y armónica de estos grupos y comunidades con la naturaleza, en las que ellxs priorizan que la vida en la naturaleza (que incluye a los seres humanos) se mantenga por medio de la cooperación, trabajo colectivo y el cuidado mutuo. Muchos de estos conocimientos y prácticas (que vienen de saberes y prácticas ancestrales y ponen al centro la vida, como la soberanía alimentaria de comunidades y la preservación de la biodiversidad) no han sido suficientemente consideradas y valoradas, aunque contribuyen inmensamente a nuestras prácticas de regeneración para responder a la crisis ecológica. 

Procesos de restauración entre los bosques de isla Mocha © Felipe Zanotti @zfilms.cl

De este ejercicio destacamos lo importante de identificar cómo contribuir y complementar aquellos movimientos y organizaciones de la sociedad civil con luchas y resistencias históricas para asegurar sociedades más justas, autosuficientes, no patriarcales, no explotadoras y ecológicamente responsables.  Más que nunca, debemos encontrar puntos en común, enlazarnos con estos movimientos y fortalecer nuestra demanda colectiva y urgente para un cambio trascendental hacia un paradigma socio-ecológico.

Surgen entonces preguntas guía para reflexionar sobre el actuar regenerativo y las organizaciones que lo ejecutan. ¿Qué estructura de poder y liderazgo tienen? ¿Existe paridad de género? ¿Qué roles están tomando las mujeres y disidencias en la acción? ¿De qué manera esta acción u organización apunta a regenerar el tejido social? ¿De qué manera se recoge y valora el conocimiento local? ¿Hasta qué punto se cuestiona el modelo patriarcal, extractivista y colonial? 

 Uno de los desafíos es lograr hacer ganadería regenerativa © Felipe Zanotti @zfilms.cl

El giro regenerativo

Parte del atractivo del planteamiento regenerativo se encuentra en el cruce entre un pensamiento filosófico profundo acerca de “la naturaleza de la naturaleza” y el impulso a trabajar directa y cotidianamente con ella mediante prácticas regenerativas. La regeneración ofrece un panorama optimista, en que el ser humano se perfila ya no solo comoverdugo del planeta, sino también como facilitador de procesos de sanación de los ciclos naturales que nos permitirán restablecer la salud planetaria. Es en este punto sobre todo donde vemos el aporte regenerativo a la mirada ecofeminista, y como ambos pueden complementarse.

Tanto el movimiento regenerativo como el ecofeminismo nos enrostran la profundidad de la crisis a la que hemos llegado y el gran desafío que debemos asumir. En palabras de Charles Eisenstein “Al igual que la crisis, la transición que enfrentamos llega hasta el fondo. Internamente, es nada menos que una transformación en la experiencia de vivir. Externamente, es nada menos que una transformación del papel de la humanidad en el planeta Tierra.” Buscamos un nuevo paradigma relacional y holístico, que asegure convivencias balanceadas y justas con uno mismo, con otrxs y con la tierra y naturaleza que nos rodea. En las palabras de Vandana Shiva, debemos “crear el imperativo de vivir, producir y consumir dentro de los limites ecológicos y en nuestra cuota de espacio ecológico, sin violar los derechos de otras especies y otras personas”.

Sin una mirada de enfoque de género interseccional y de justicia, el paradigma regenerativo se queda corto en su promesa de cambio sistémico radical

Para estar a la altura de los tiempos, como habitantes de la biosfera estamos invitados a transformar las narrativas que sostienen nuestras identidades, la forma que nos relacionamos y las actividades que sostienen nuestras formas de vida. No se trata solo de qué hacemos sino del cómo lo hacemos, pues debemos entender cómo las prácticas degenerativas están concatenadas en patrones que trascienden los límites de las esferas culturales, económicas, ecológicas, esquemas de comportamiento que están enraizados en nuestra construcción como individuos. Sin una profunda y verdadera transformación, la acción regenerativa puede terminar reducida a un paisajismo ecológico, en vez del cambio paradigmático que necesitamos y esperamos de ella.

Cae la tarde en isla Mocha © Felipe Zanotti @zfilms.cl

Imagen de portada: Fundación Regenerativa ha buscado generar instancias de restauración con enfoque ecofeminista e interseccional. Felipe Zanotti zfilms.cl

Conoce más sobre los proyectos de restauración de Fundación Regenerativa aquí.

Últimas entradas del blog

Más allá del cambio climático

Los peligros de la domesticación: un juego de rol con el salmón

Temblores elementales: una escritura vegetal

Pinturas de cambio en Chiloé